Política y Realidades nacionales

La seguridad ciudadana ¿para adelante o para atrás?

asaltoUno de los aspectos positivos de nuestra realidad es la seguridad ciudadana. Aunque no es para  saltar de triunfalismo, justo es reconocer que Nicaragua se compara favorablemente no sólo con los países centroamericanos, sino también con el resto de países de América Latina. Así lo evidencian publicaciones como el Índice de Paz Global o los observatorios internacionales sobre crimen y violencia.

Hasta ahora las investigaciones realizadas no han podido establecer cuales son las causas de este fenómeno, pues nuestro país reúne todas las condiciones para generar un clima propicio para altos índices de criminalidad. Usualmente se mencionan entre los principales factores los siguientes: la pobreza y la desigualdad; bajos niveles de escolaridad; antecedentes de conflictos bélicos. También se mencionan las pandillas y los deportados de Estados Unidos. En Nicaragua servimos el menú completo: Altos niveles de pobreza y desigualdad; niveles de escolaridad menores a nuestros vecinos centroamericanos; dos conflictos bélicos en décadas recientes; desintegración familiar a causas de las migraciones y también nuestra cuota de deportados y pandillas.

A pesar de la conjunción de estos factores, lo curioso es que los indicadores se han mantenido dentro de determinados rangos con independencia del color político de los gobiernos de turno. No es mérito del orteguismo.

Más allá de los debates sobre las causas, la realidad es que la seguridad ciudadana representa un bien público que comienza por nuestra integridad física y de nuestras familias, e incluye la protección de nuestro patrimonio, sea un carro, un televisor o un celular. Pero también es un bien público que se suma a un entorno que favorece las inversiones y las actividades económicas.

Es, entonces, un bien público que a todos nos conviene cuidar. En este sentido, la fotografía de un chele, como la que salió hace poco, un canadiense con la frente partida, porque a la salida de un local se negó a darle dinero a alguien que le pidió; o la denuncia de una europea que fue asaltada y violada, tienen efectos demoledores que, al sumarse, terminan afectándonos a todos. Y no es que la integridad física de un chele tenga más valor que la nuestra. No estoy hablando de eso. Estoy hablando del impacto que esos hechos tienen, y que terminan por afectarnos a todos.

Por esta razón es importante poner atención y solución a algunas tendencias preocupantes que empiezan a manifestarse. Gradualmente uno de los pocos bienes públicos que tenemos comienza a deteriorarse. Autoridades, medios de comunicación, organizaciones políticas y sociales, y ciudadanía en general debemos comenzar a ponerle mente.

El Instituto de Estudios Estratégicos IEEPP, realiza un estudio anual sobre seguridad ciudadana cuyos datos vale la pena compartir. El estudio se basa en una encuesta que cubre todo el país. Por razones de espacio me referiré a algunos.

Cuando se le preguntó a los encuestados cuál consideraba que era el principal problema de seguridad ciudadana, el 51% respondió que los asaltos con armas de fuego. Es un dato preocupante, pero más preocupante es que en el 2010, esa cifra era el 36%, es decir, creció el 15% en dos años. Asimismo, en el 2010 ocupaba el cuarto lugar en orden de importancia; ahora ocupa el primer lugar. En Managua esta preocupación es más acentuada pues llega al 57% de la población. Un asalto con arma de fuego supone un alto grado de violencia. Es importante anotar que el narcotráfico también es percibido como grave por casi el cincuenta por ciento de la población (47.8%).

Otro dato relevante es sobre la violencia intrafamiliar. El 25% considera que es el delito de mayor preocupación. Ocupa ahora el cuarto lugar en la lista de importancia.

El lugar donde la gente se siente más segura es su casa de habitación. Sin embargo, este indicador se ha desplomado en 20 puntos, en dos años. En el 2010 el 95% y en el 2012 el 75%.

Si bien, las políticas de mano dura todavía no reciben un respaldo mayoritario, algunas tendencias comienzan a ser reveladoras. Por ejemplo, las personas que consideran justificado tomarse la justicia por su propia mano representan ahora 2 de cada diez. Y tres,  de cada diez,  consideran como medida adecuada de protección disponer de un arma. Los porcentajes son mayores en caso de adolescentes y jóvenes. Ojo. El recrudecimiento de los delitos y acciones violentas pueden estar a la vuelta de la esquina.

La policía, con todo y el deterioro progresivo que en su institucionalidad está causando la manipulación del régimen, sigue desempeñando un papel clave en el control de la delincuencia. La mayoría de la población demanda como principal medida una mayor presencia policial. Esto es lógico pues una de las funciones primordiales del Estado es proveer seguridad a sus ciudadanos. Se agregan a la lista de recomendaciones por parte de los encuestados la ejecución de más programas sociales y mayor participación de la población.

Si bien, para más del 90% de los nicaragüenses el aumento de las penas para los delincuentes es una medida necesaria para combatir los delitos, sabemos que la prevención sigue siendo la madre de todas las medidas. Y ahí todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad.

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