Política y Realidades nacionales

Al pan, pan, y al vino, vino

Un mensaje contundente es la carta pastoral de los obispos nicaragüenses. Ante todo, debe reconocerse que en un momento en que las élites económicas del país y diversos sectores políticos y sociales se han achicado, acomodado o resignado ante el poder del orteguismo, los obispos reafirman su coherencia, valentía, lucidez y capacidad para alentar esperanzas e iluminar senderos.

Los obispos nos dieron una lección conceptual y práctica sobre lo que es una dictadura:»La vida política del país está hoy dominada por un estilo de ejercer la autoridad en modo autocrático y abusivo, que se manifiesta a través de la concentración de poder y el deseo desmedido de conservarlo y perpetuarse en él, la manipulación de la ley y de las instituciones y la destrucción de los principios fundamentales que constituyen las basses del Estado de Derecho: la subordinación del poder a la ley, la supremacía de la Constitución, la jerarquía de la norma jurídica y la separación e independencia de los poderes del Estado…»

El mensaje también estuvo dirigido a la oposición: “Igualmente los partidos políticos de oposición, que aspiran a llegar al poder, se debaten en luchas internas y descalificaciones recíprocas, que no tienen su origen precisamente en motivaciones democráticas, sino en la búsqueda de mayores espacios de poder y en ambiciones personales. Esos partidos no han logrado interpretar el sentir de la población, no renuevan sus líderes y no ofrecen estrategias políticas alternativas claras que conduzcan a la elaboración de un proyecto de nación, en lo referente a la educación, a la política social y a la economía…

 Y es que no se puede combatir el caudillismo de Ortega, con actitudes y esquemas mentales de caudillo; no se puede combatir el hegemonismo de ortega, con pretensiones hegemónicas al interior de la oposición; no se pueda presentar una alternativa a Ortega si no tenemos la capacidad de articular una propuesta incluyente, realista y progresista; no se puede derrotar al orteguismo si no tenemos capacidad de construir y desarrollar una estrategia concertada. Pero sobre todo, no se puede promover el cambio democrático en el país  si no estamos al lado de la gente, identificándonos con sus problemas del día a día y luchando hombro a hombro por resolverlos.

Frente a las elecciones municipales los obispos mostraron un enfoque equilibrado, asentado en las realidades: “Tanto unos como otros, personas y partidos que han decidido participar como quienes no lo harán, fundamentan su decisión en razonamientos válidos en la actual coyuntura política que vive el país” y ofrecieron orientaciones inobjetables “…cada persona debe decidir desde su conciencia, libremente y sin ningún tipo de coacción exterior, a través de un juicio de la razón, lo que va a hacer, convencido desde su interior que está haciendo lo más justo y recto en este momento de la historia en beneficio de la sociedad”.

Pero lo más relevante del planteamiento de los obispos fue hacia adelante “…lo importante es ver hacia el futuro, tomar conciencia de los grandes problemas que vive el país y comprometerse en la construcción de una sociedad más justa y democrática”. Y señalan con claridad el objetivo “consideramos que la situación que vive el país exige urgentemente replantear el funcionamiento integral del sistema político”. Más claro no canta un gallo.

Finalmente, los obispos siembran esperanzas y animan a luchar: “Como pastores les invitamos a liberarnos de la resignación, del indiferentismo y del conformismo….Creemos firmemente en la bondad y la capacidad del pueblo de Nicaragua para construir un presente más digno y un futuro más luminoso para todos…Cada ciudadano debe tener presente que, independientemente de lo que haya decidido de cara a las elecciones municipales, tiene el derecho y la obligación de ser sujeto activo en la construcción de la sociedad…luchando por la defensa de la democracia, la paz, la justicia, el respeto a los derechos humanos y denunciando todo lo que se opone a ello”.

Todos, sin distinción de creencias religiosas o preferencias políticas deberíamos poner oído atento al mensaje episcopal, reflexionar sobre el mismo, adoptar las decisiones y poner manos a la obra.

Tengo la convicción de que el mensaje no será una “voz que clama en el desierto”. El camino está abierto.

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