ArtículosEscritos económicos

No solo es el queso…es la tortilla, son los frijoles, es la comida

Con justa razón, en los últimos días se han multiplicado las expresiones de malestar por el aumento desmesurado del precio del queso, un alimento básico para todas las familias nicaragüenses.

¿Cuál puede ser la causa del encarecimiento del queso? 

Usualmente, en una economía de mercado los productos suben de precio cuando hay escasez en la producción o circulación de un bien determinado. Pero en Nicaragua no hay ni sequía, ni desgracias o eventos extraordinarios que hayan afectado la producción de queso. Así que debemos descartar esta posibilidad.

Hay una posible segunda causa. Hace algunos años se disparó el precio de los frijoles. La dictadura no dio explicaciones. Después se supo que las exportaciones de frijoles hacia Venezuela habían provocado desabastecimiento en el mercado local y de ahí el alza de precios. Por supuesto, los castigados fueron los consumidores. Con el queso, según los datos oficiales, las exportaciones tenían un ritmo normal, al menos hasta el mes de octubre 2021. Está por verse si en esta materia se produjo algo extraño en noviembre y diciembre.

La tercera causa posible es el acaparamiento. Esto es, que productores o intermediarios acumulen el producto y lo almacenen para después especular con los precios. Para esto se requiere capacidad logística que permitan realizar compras masivas, capacidad de almacenamiento y, sobre todo, capacidad financiera. ¿Quiénes disponen de esas capacidades en Nicaragua?

Si hay acaparamiento ¿Por qué tanto silencio e inmovilismo?

Los productores de queso son miles y miles de pequeños, micros y medianos, por consiguiente es muy improbable que puedan concertarse; además, en su mayoría viven coyol quebrado, coyol comido, y no disponen de los recursos financieros para retener el producto y provocar una escasez artificial.

Una libra de queso en Nicaragua puede llegar a encontrarse hasta en C$100.

Por tanto, si hay acaparamiento, es lícito presumir que los acaparadores sean intermediarios con poder suficiente para afectar el mercado.

En una democracia, los ministros y autoridades del ramo, particularmente el ministro de Fomento y la Dirección de Defensa del Consumidor, estarían emplazados por medios de comunicación y ciudadanía, y obligados a dar una respuesta. Pero en una dictadura no solo los aspectos políticos se ahogan con la represión, sino que también se pretenden ahogar los temas relacionados con el pan nuestro de cada familia.

Ni uno solo ha movido un dedo, ni dicho una palabra. Aunque recordemos que el ministro de Fomento, frente a un medio de comunicación, demostró que no tenía ni idea del costo de la canasta básica.

Es pertinente anotar que el Código Penal vigente consigna como delito el acaparamiento y el agiotismo, es decir, precisamente, lo que ocurre actualmente con el queso. El delito conlleva penas de multa y de prisión, de tres a cinco años, cuando se trata de artículos de primera necesidad.

Tampoco aquí hemos visto diligencia alguna por parte de “las autoridades”.

Así que, si la causa es el acaparamiento por parte de intermediarios y no hay acción oficial alguna, es lícito suponer que están amparados por el poder político, al igual que una de tantas otras manifestaciones del capitalismo de rapiña impuesto por el régimen.

Pero no solo es el queso…

Ahora pasemos al otro asunto: No solo es el queso. La totalidad de los productos de consumo básico han subido de precio a lo largo del 2021, aunque en este caso la sangría ha sido gota a gota, de manera sistemática y sostenida.

Según el gobierno, el costo de la canasta básica en el mes de diciembre 2021 llegó a C$ 16,255, que significa C$1,726 más que en diciembre del 2020. Es decir, para consumir el mínimo una familia necesitó un ingreso de esa magnitud, el pasado mes, para satisfacer sus necesidades básicas. Lo más grave es que, según el mismo gobierno, el costo de la comida, solo de la comida, llegó a C$ 11,096 mil. Subió 15% en el transcurso del año. Si una familia no percibe ese ingreso mensualmente, lisa y llanamente está padeciendo hambre. 

¿Y cuáles son los ingresos de la inmensa mayoría de las familias nicaragüenses?

Según el gobierno, el salario promedio de los trabajadores de la economía formal es de C$ 11,015. Es decir, los trabajadores con empleo fijo en una empresa debidamente establecida (20% de la fuerza laboral) no están en condiciones de adquirir los alimentos contemplados en la canasta básica. Pero resulta que, según el mismo gobierno, el 50%, es decir, la mitad de la población laboral se encuentra en condición de desempleo y subempleo, estos es, ni siquiera alcanzan a percibir el salario mínimo. 

Conclusión

En resumidas cuentas, la economía socialista, cristiana y solidaria, según los datos oficiales, está llevando cada vez más al hambre a las familias nicaragüenses.

Le puede interesar: El fracaso político, económico y social de Ortega.

 

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