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Una ventana hacia Europa

ADA 

Desde el primero de agosto recién pasado, entró en vigencia el denominado Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica, conocido por las siglas ADA. Este acuerdo abre una nueva etapa en las relaciones entre nuestra región y Europa, unas relaciones que, a lo largo del tiempo, han estado marcadas por un enfoque constructivo, respetuoso y productivo.
En una primera etapa, en la década de los ochenta, cuando la posibilidad de un conflicto bélico generalizado en Centroamérica se consideraba como una amenaza inminente, la entonces llamada Comunidad Económica Europea, integrada primero por diez países, y después por doce, desempeñó un papel moderador y mediador que contribuyó a que cristalizara una salida pacífica y negociada a los conflictos existentes.
El diálogo de San José fue el escenario de ese constructivo proceso que no se limitó al ámbito político sino que fue acompañado de flujos de cooperación económica y técnica, tanto a nivel bilateral como regional.
Una vez alcanzada la paz, la Unión Europea se orientó a apoyar, en la década de los noventa, el afianzamiento de la democracia, el respeto a los derechos humanos y el ordenamiento de las economías. Más tarde, al abrirse el tercer milenio, las relaciones se enfocaron en la cooperación al desarrollo económico y social. Así, para el período 2007-2013, la Unión Europea destinó en su estrategia de cooperación hacia Centroamérica 860 millones de Euros, es decir, más de mil millones de dólares.
En todo este período, una prioridad se ha mantenido de manera inalterable: el apoyo al proceso de integración centroamericana. En los ochenta, mediante el impulso de proyectos regionales que ayudaran al acercamiento de autoridades sectoriales alrededor de temas de interés común. Más tarde, en los noventa, mediante cuantiosos programas dirigidos a la reactivación del comercio intrarregional. Finalmente, mediante proyectos centrados específicamente en promover una nueva etapa de la integración como PAIRCA, ADAPCCA, etc.
Es importante recordar estos hechos porque el Acuerdo es resultado de un extenso proceso. No es producto de la gestión de un solo gobierno.
Si bien la Unión Europea y varios de sus países miembros transitan por una grave crisis económica y social, eso de ninguna manera ha alterado algunos aspectos fundamentales: es el principal mercado de bienes y servicios del mundo, mayor que China y mayor que Estados Unidos. Son 500 millones de consumidores que tienen un ingreso promedio de más de 35 mil dólares anuales por habitante.
El Acuerdo tiene tres pilares: Uno político, orientado al cumplimiento de normas democráticas; uno comercial, mediante el cual ambas regiones se abren al libre comercio, y uno de cooperación. Además, por su propio diseño inducirá una mayor integración en Centroamérica. La Unión Aduanera Centroamericana es en términos prácticos una condición.
Nicaragua es el socio comercial menor, entre los países centroamericanos, pero ha sido el mayor beneficiario de la cooperación europea.
En 2012 se exportaron 314 millones de dólares, principalmente café, carne, langostas, maní, tabaco, camarones. Y se importaron 445 millones de dólares, principalmente materias primas, maquinaria y equipos.
Sin duda, el Acuerdo abre nuevas oportunidades comerciales a nuestro país. Sin embargo es imprescindible desarrollar una estrategia de largo plazo, pues se trata de un mercado con grandes exigencias en materia sanitaria, calidad, normas técnicas, logística, trámites burocráticos. Por consiguiente es necesario poner en marcha programas de aprendizaje y fomento de capacidades de productores y exportadores, donde instituciones públicas y sector privado deben juntar esfuerzos.
En El Salvador, por ejemplo, tienen contemplado ejecutar un programa para reclutar jubilados europeos, que se desempeñaron como ejecutivos de grandes empresas, a fin de que cumplan funciones de información, asesoría y facilitación al servicio de los productores y exportadores salvadoreños. Algo parecido podríamos hacer aquí. Y más.
Además del área comercial, un espacio prometedor es la promoción de inversiones europeas, principalmente pequeñas y medianas, en campos como el turismo y la agroindustria. La existencia del CAFTA puede ser un incentivo para estos potenciales emprendimientos.
La oportunidad, ahí está, se trata de ponerle inteligencia, voluntad y ganas. Una receta que no es fácil, pero es la manera de crear empleos estables, ingresos decorosos y prosperidad.
Finalmente, el componente político del acuerdo incluye cláusulas relativas al respeto a los derechos humanos, democracia y estado de derecho. La vigencia de esas cláusulas y la operatividad del Acuerdo representan un desafío para la Unión Europea, para los nicaragüenses comprometidos por la democracia y, por supuesto, para régimen dictatorial orteguista.

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