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Un hombre de profundas raíces (*)

el pez y la serpiente (2) - copia

Uno de los mayores atropellos a la construcción de una identidad nacional es el sectarismo mezquino. Negar al adversario su valor o sus valores, por adversario, es una práctica arraigada que cercena al país en un nosotros y, en un, los otros. Nosotros, siempre los buenos, los otros, siempre los malos.  Por esta razón, yo quisiera comenzar reconociendo a la Junta Directiva de la Asamblea Nacional la decisión de ofrecer este homenaje a Pablo Antonio Cuadra, en el centenario de su nacimiento. Esa decisión se aparta de una tradición perniciosa y merece ser reconocida.

 ¿A qué aspectos de la vida de Pablo Antonio debemos rendir homenaje?

En primer lugar al poeta. Porque ante todo, PAC es poeta. Telúrico, histórico y místico. Cantó a nuestra geografía y a nuestra historia. Pero sobre todo a nuestra gente. Recordemos “Esos rostros que asoman en la multitud”. Cantó a su entrañable lago. En el poemario Cantos de Cifar es más personaje el lago que Cifar. Nuestros árboles: el mango, el jocote y el jícaro resultan temas de inspiración. También nuestras raíces indígenas y nuestro mestizaje son dedicación privilegiada del poeta. El jaguar y la luna; Nicán Náuat; Memorial de Namotivá, son lección y emoción. Historia pasada e historia presente.

 Es notorio también su infatigable acercamiento, desde la poesía, al catolicismo. Vía crucis es un poemario donde poesía, oración y meditación se amalgaman en un todo, estación por estación, a lo largo de la ruta de El Calvario.

 Pero un poeta que no canta al amor, no es poeta. Y PAC también cantó al amor. En lo personal me quedo con el siguiente poema:

La noche es una mujer desconocida

Preguntó la muchacha al forastero:

-¿Por qué no pasas? En mi hogar

Está encendido el fuego.

 Contestó el peregrino: -Soy poeta,

Sólo deseo conocer la noche.

 Ella, entonces, echó cenizas sobre el fuego

Y aproximó en la sombra su voz al forastero:

-¿Tócame! –dijo- ¡conocerás la noche!

 En segundo lugar, debe rendirse homenaje a PAC el pensador, el ensayista. Su colección de estampas publicadas bajo el nombre de El Nicaragüense es, sin duda, su ensayo más prominente. Un intento de penetrar en el alma nacional, todavía invicto en su género. Con sus más, que los tiene, y con sus menos, que también los tiene, es un retrato y un auto-retrato. Porque PAC nos muestra al nicaragüense que él ve, y al mismo tiempo nos desnuda al nicaragüense que él es. Con sus más y con sus menos.

 De la misma manera que con su poesía, PAC abarcó distintos temas, desde el misticismo, a la historia y desde la historia hasta el presente. Cristo, nuestro contemporáneo y Otro Rapto de Europa, son memorables. Pero sus “Escritos a máquina” donde es cronista, actor y  filósofo de su tiempo representan uno de sus legados más valiosos.

 Solamente quisiera mencionar aquí su ensayo “El círculo y la línea”, donde a partir de dos mitos ancestrales: El judío errante y la carreta nahua, plantea una profunda reflexión sobre nuestra historia. El círculo es el pasado que retorna, la historia que se repite; en oposición a la implacable e irreversible recta, que va del nacer al morir. Círculo y línea.

 Hoy sigue sin respuesta la interrogante que ayer el poeta formulara: “¿Qué historia estamos tejiendo con el hilo del tiempo que no se repone?”

 Pero Pablo Antonio no sólo fue un intelectual. También fue un protagonista. Un actor político.

No podemos evadir una referencia a lo que él mismo llamó “sus pecados juveniles”. PAC en su temprana juventud fue bandera y abanderado de las corrientes de pensamiento más reaccionarias de su tiempo.

 Sin embargo, más que rechazo, el conservadurismo de Cuadra en esas etapas tempranas de su vida, me lleva a valorar mejor su evolución de pensador –hispanista, nicaragüense y universal- que, afianzado en sus raíces, pudo ir, sin oportunismos ni dobleces, ajustando su pensamiento y praxis política a las realidades cambiantes de su país y de su entorno intelectual y político.

Quise conocer la opinión de PAC sobre sí mismo y esa etapa de “camisas azules”. Encontré el texto “En el hombre hay más que el hombre” donde el poeta con una frase entrega la respuesta entera “Yo, que reniego de mis pecados juveniles, casi me los perdono en honor de nuestra hermosa y orgullosa concepción hispanoamericanista…nosotros lo que buscábamos era una mística de unión de los pueblos de lengua española para efectuar una revolución conjunta que completara la de la Independencia, que nos diera poder frente a Estados Unidos –como liberación- y ante el mundo –como afirmación…”.

 Tal vez la frase que mejor resume su pensamiento político está en El Viaje a la Utopía: Ya sea que querramos lo contrario de lo que tenemos…o algo nuevo….no tenemos por qué empeñar la libertad para pagar el pasaje. Ni hipotecar la dignidad humana…Justicia y libertad son los presupuestos. Vasos comunicados y comunicantes porque Libertad sin justicia no es libertad, justicia sin libertad no es justicia.

 Pero también PAC, tempranamente, se colocó del lado de la lucha por la libertad frente a la opresión dictatorial. Encarcelado en 1938 acusado de difundir propaganda sandinista. Óigase bien: 1938! También fue hecho prisionero en 1956, padeciendo además dos exilios. Pero su principal trinchera fue el diario La Prensa, donde compartió afanes, angustias, desvelos y utopías con Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y toda esa generación de periodistas que cumplieron un hito glorioso en el periodismo nacional.

 Como una expresión de la personalidad de PAC quiero destacar aquí el poema, El cazador de pájaros, que Pablo Antonio dedicó a la memoria de nuestro poeta guerrillero, Leonel Rugama. En verdad, es un himno de ternura. El tema del poema es un padre que va a recoger a su hijo muerto, al cuartel de la guardia. Aquí un fragmento:

Ahora

arrastrando los pies

en el polvo del camino

vuelves del Comando

lo llevas

crees

que todavía sisea

pones

tu oído

en su pechito

crees que todavía

tu pajarito

aletea

Lloras

-¡Ya no!

me dices

y aprietas

tus puños

 Por último, y por eso más importante, debemos rendir homenaje al constructor, al artesano que desde la cultura coloca ladrillos y ladrillos en ese edificio todavía inacabado que es la nación nicaragüense.

 Desde su autenticidad. Desde su sencillez. Desde sus temas. Desde sus reflexiones. Desde el lenguaje. Desde su práctica. Pablo Antonio Cuadra es uno de los artesanos quecontribuye a ir moldeando nuestra nación.

 Como poeta, como pensador, como político, desde dos claves siempre presentes: su religiosidad cristiana y su coherencia, Pablo Antonio escarbó hondo para abrir paso a nuestras raíces, y desde esas raíces nos devolvió savia, flores y frutos.

 Para terminar, quisiera leer la última estrofa de un poema que Pablo Antonio tituló “Epitafio de un poeta”. El poeta puede ser él mismo.

 El poeta siempre llega donde nadie lo recibe

Y así vive hasta que llega a la muerte;

Sólo entonces, cuando la muerte tampoco lo recibe,

Es cuando todos reciben su canto.

 Poeta. Nosotros recibimos y asumimos su legado a la nación. Y en su centenario, le reafirmamos: también hemos recibido y hemos asumido su canto.

 (*)Palabras pronunciadas por Enrique Sáenz en ocasión del homenaje a Pablo Antonio Cuadra por la Asamblea Nacional

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