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Siembra vientos y cosecharás tempestades

Con el título “Los rearmados de Kilambé”, la publicación Confidencial presentó un amplio reportaje, suscrito por Ismael López, en el que se relatan distintas versiones sobre la presencia de grupos armados en las montañas del norte del país.

Autoridades religiosas han advertido varias veces sobre la presencia de gente armada con motivaciones políticas y han llamado al diálogo con esos grupos para evitar mayores derramamientos de sangre. La policía y el ejército, por su parte, insisten en calificarlos como grupos delincuenciales.

Ismael López se fue a meter a lo profundo del territorio y haciendo gala de compromiso periodístico, valentía, profesionalismo y garra, recorrió trochas, comarcas y poblados en zonas que guardan todavía el olor a pólvora: Wiwilí, Cuá, Bocay, Wamblan. Las mismas montañas que acogieron a Sandino en su gesta anti-intervencionista. Los mismos sitios que conocieron la inmolación de guerrilleros sandinistas en lucha contra de la dictadura de Somoza. Paradojas de la historia: en ambos casos fueron calificados como bandidos y delincuentes por sus perseguidores.

Son también los mismos escenarios de la guerra fraticida que desangró al país en los años ochenta.

En el reportaje se recogen versiones de campesinos y pobladores de la zona que afirman conocer a los alzados, con nombres, apellidos y familias. Una de las declaraciones que más llama la atención es la de Margarita Ramos, coordinadora de los Consejos del Poder Ciudadano, CPC, dueña de una pulpería localizada en una trocha camino al Cuá.

Según Ramos, el grupo encabezado por “El Flaco”, pasó por su venta…más o menos andaban como veinte hombres armados…”. “El Flaco” le expresó que se había alzado en armas contra el gobierno, pero le aseguró que no tomaría represalias en su contra. Más bien le pidió que si podía colaborar con un cerdo. “Yo le dije que no podía, porque trabajaba con créditos y el me pegó una palmadita en el hombro y me dijo: en otra ocasión será”….Ramos afirmó al periodista “Él tiene una finca aquí cerca. Se llama “la Cumplida”. Produce maíz, frijoles y estuvo sembrando chiltomas y tomates. Es amigo de nosotros y si alguien dice que él anda robando nunca he oído decir yo “El flaco” asaltó, o le robó a alguien”.

Otro campesino, cuya declaración es recogida en el reportaje afirma:

“No podemos permitir que nos maten a “El Flaco”, “El Flaco” es nuestro hombre actualmente”.

Varios campesinos, de distintos lugares, confirmaron la presencia de rearmados, por motivaciones políticas, no de uno, sino de varios pequeños grupos dispersos.

Pero el periodista entrevistó también al jefe departamental de la policía en Jinotega, comisionado José Jarquín. El jefe policial insistió en calificar a los armados como “grupos delincuenciales”. Entre el periodista y el policía se recoge el siguiente diálogo:

“¿Cuántos secuestros han registrado? preguntó el periodista. Ninguno, respondió el jefe policial.

Entonces el periodista replicó ¿Si anda un grupo armado, robando, violando y matando es para que los delitos hubieran aumentado?

–Hay mucha gente que tiene miedo a denunciar—respondió el comisionado”.

Por su parte, el Ejército, en el informe que presentó en ocasión de su aniversario reporta como resultado de sus actividades operativas “39 delincuentes abatidos”.

¿Quiénes eran esos delincuentes? ¿Cuáles eran sus nombres? ¿Tenían familia? ¿Cuáles fueron los delitos que cometieron? ¿Tuvieron oportunidad de ser capturados y juzgados o simplemente fueron abatidos? ¿Se hizo alguna investigación sobre estas 39 muertes?

En Nicaragua no existe pena de muerte y es un derecho elemental ser juzgado y, si hay pruebas, condenado. Puede ser que se hayan enfrentado al ejército y perecido en el enfrentamiento. Pero ¿alguien investigó? ¿Basta con un comunicado de dos párrafos y ofrecer un número de abatidos para justificar la muerte de un ciudadano?

Como se sabe, se acostumbra ahora en los medios digitales abrir espacio a que se escriban comentarios al pie de artículos o reportajes, incluso utilizando nombres apócrifos. Uno de los comentaristas escribió sobre el reportaje de Ismael:

Hay que exterminar a estos grupos de nefastos, oportunistas, ignorantes…”

En otro comentario se acusa al periodista y a “sus patrones” de soñar con una guerra civil, “sin medir las consecuencias de azuzar a campesinos analfabetas e ignorantes que son usados por la derecha reaccionaria contra el gobierno sandinistas… ya saben dónde quedan los cuarteles del ejército y las delegaciones policiales, a ver que tal les va con su sueño…”

Es cierto que algunos de estos “comentaristas” son asalariados del régimen. Su trabajo es ofender, desacreditar, provocar. Sin embargo, el odio y el desprecio que destilan los comentarios anteriores ofrecen una idea de los sentimientos que anidan en determinados sectores de nuestra sociedad.

Finalmente me permito compartir una preocupación. Pensé que el reportaje de Ismael sería un poderoso campanazo que repicaría en distintos espacios. Salvo la iglesia, en su misión profética, y algunas voces aisladas, la mayoría ha cerrado los ojos a la realidad descrita.

¿Sigue tan profunda la brecha entre la Nicaragua urbana y la Nicaragua rural?

¿O será que está echando raíces el síndrome del avestruz?

Y no se trata de hacer apología de los grupos armados. Se trata de advertir sobre los peligros que despierta la opresión política. Y de alertar sobre los apremios que generan la pobreza y la desigualdad económica.

Porque, mientras el gobierno y sus comparsas siguen regodeándose con la cifras macroeconómicas, la pobreza extrema, en el 2012, aumentó en el sector rural. La crisis de la roya del café se traduce en cifras de exportación, pero en el campo se expresa en latas cortadas y quintales vendidos, es decir, en más o menos comida. En más o menos miseria. Agreguemos también los problemas de los productores de frijoles. Y recordemos que en el fondo subyace una matriz donde el 47% de los productores poseen menos de cinco manzanas, y representan menos del 3% del total de tierra cultivable.

No está de más repetir: Siempre que se siembran vientos, la cosecha es de tempestades.

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