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La reciente jugada electorera de Ortega: zanahoria ahora y garrote después

Ortega realizó la primera movida de cara a su propósito de montar una farsa electoral en el 2021, como trampolín para prolongar su régimen dictatorial. Al hacer esa primera movida mostró las cartas marcadas que piensa jugar. A decir verdad, ninguna sorpresa, porque no se necesita ser adivino para anticipar las marrullerías del dictador.

¿Qué hizo? Mandó a sus sirvientes del Consejo Supremo Electoral a que aprobaran una resolución marrullera mediante la cual modifican el plazo para que se constituyan nuevos partidos políticos. Ampliaron el plazo hasta junio del próximo año. Se trata, como otros han dicho, de un caramelo envenenado pues bajo la envoltura de una aparente concesión escondió la ponzoña mortal.

¿Cuáles son las cartas que mostró con esta primera jugada?

Ante todo, que ya tiene clara su estrategia.

¿Cuáles son las líneas básicas de esa estrategia?

Primero, mantener la iniciativa e imponer la agenda, a fin de obligar a las organizaciones opositoras a moverse al ritmo que marquen las maquinaciones del régimen. Y confundir a la comunidad internacional.

Segundo, apostar a los hechos consumados, de manera tal que cualquier concesión posterior, si es que la hace, lo deje siempre en posición de ventaja. Esta ha sido una de las tácticas preferidas del dictador. En el presente caso dio un primer paso unilateral, con el mismo desacreditado aparato electoral.

Tercero, atizar la dispersión o división de la oposición, mostrando señuelos que desaten los intereses, miopías y ambiciones de grupos y aspirantes a candidaturas electorales. Zanahoria ahora y garrote después.

Cuarto, utilizar la pandemia como pretexto para sus desmanes, incluyendo la violación flagrante de las leyes.

¿Qué pretende lograr con esta primera jugada?

Lo primero tentar a los grupos opositores interesados en participar en la contienda electoral a que inicien los procedimientos para obtener personalidad jurídica. Esto significa alentar ambiciones y contradicciones en el seno de la Coalición Nacional. De este modo les mide también la temperatura.

Lo segundo, es la legitimación de los sirvientes que integran el Consejo Supremo Electoral. Esta primera acción, a la cual seguramente seguirán otras, tiene la clara intención de implantar una rutina de reconocimiento a los responsables de todos los fraudes y canalladas de los últimos años. Ante la comunidad internacional, muestra un paso de aparente flexibilidad. Así, el cambio de un solo magistrado podría mostrarlo posteriormente como una concesión más, en una línea de concesiones cosméticas a cuenta gotas.

Por otro lado, cualquier grupo político que muerda el anzuelo debe realizar asambleas en los 153 municipios del país, para organizar juntas directivas municipales. En todas se debe cumplir el requisito legal de que debe estar presente un representante del Consejo Supremo Electoral. Esto significa que, desde el momento de presentar su solicitud, hasta el último trámite, permanecerá en ascuas, a la espera de las resoluciones de los sirvientes de Ortega. Esto es, durante todo el procedimiento tendrán que comer de la mano de Ortega.

Lo tercero es lo más grave. Quedó claramente establecido en la parte expositiva de la resolución la intención de imponer dos precedentes nefastos: uno, la pandemia como pretexto para cualquier aberración; dos, la atribución al Consejo Supremo Electoral de la facultad de violar las leyes, a su arbitrio, pues la resolución administrativa de los sirvientes electorales de Ortega violenta expresamente el artículo 77 de la ley electoral. Una ley de rango constitucional. Ortega se arroga, desde ahora, la facultad de imponer su voluntad como norma electoral.

¿Por qué no reformó la ley si dispone de la mayoría suficiente en la Asamblea Nacional? Precisamente porque pretende imponer el precedente.

O sea, está dispuesto a utilizar la pandemia para cualquier tropelía, incluso la suspensión de elecciones; una opción que no podemos descartar.

Finalmente, con esta maniobra diversionista Ortega persigue distraer la atención.

  • Pretende que todos nos enfrasquemos en hablar de la maniobra electorera y nos olvidemos de su política criminal y de los estragos de la pandemia.
  • Pretende que no hablemos de la terrible crisis socioeconómica que provoca tantas tribulaciones en empresas y familias.
  • Pretende que pase por debajo de la mesa el fracaso que significa cancelar el acto del 19 de julio, y convertirlo en una celebración virtual.

¿Por qué es una fracaso? Porque desmantela su campaña embustera de la «normalidad». Si todo está normal ¿Por qué cancela el acto?. Si la pandemia está bajo control ¿Por qué Ortega no saca ni la cabeza? Una acción política inmediata es transformar ese fracaso en una derrota política. Ya hablaremos de esto.

En conclusión, Ortega mostró sus cartas. Por ahora, los grupos políticos organizados se apresuraron a rechazar la maniobra marrullera. Pero esta solo fue la primera escaramuza. Está por verse, en los próximos días, si habrá quienes caigan en la trampa. Esperemos que no ocurra. Esperemos que se mantengan firmes.

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