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La muerte ronda en cada esquina

accidente con motocicleta

Una de las escenas más comunes en las calles de Managua es la siguiente: una gran fila de carros, unos policías tomando notas, unas caras entre preocupadas y desoladas, un grupo de mirones estorbando a unos y otros, unos vehículos cruzados en la vía, usualmente una moto desbaratada y, en los casos trágicos, una ambulancia con su nervioso ulular.
No importa la hora. Tarde, noche o mañana, los accidentes de tránsito se ven a cada rato y en todo lugar. Una verdadera epidemia. Según las encuestas, los accidentes de tránsito han pasado a ocupar uno de los primeros lugares entre las causas de preocupación de los nicaragüenses en materia de seguridad ciudadana.
Y es un problema que se agrava año con año, a tal punto que los accidentes se han convertido en la principal causa de muertes violentas en el país. Cada año crecen los accidentes, el número de lesionados y el número de muertos.
De acuerdo con un estudio del IEEPP, el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, en el 2012 se produjeron 26.164 accidentes, con 664 fallecidos y 4.830 lesionados.
Detrás de cada cifra hay una tragedia, porque la primera repercusión es a nivel humano. Pérdida de seres queridos. Mutilación de miembros. Dolorosas lesiones. Inhabilitación temporal o la inhabilitación para toda la vida. Y a veces prisión.
Pero las repercusiones son múltiples. Todo es pérdida. Gastos fúnebres, gastos médicos y en medicinas, gastos en rehabilitación, pérdida de ingresos por faltar al trabajo o al negocio, pérdida de empleo, gastos de reparación de los vehículos daños materiales, gastos legales, pago de indemnizaciones, en fin…
También hay repercusiones a nivel macro. Porque los accidentes frecuentemente son causa de pérdida de producción y productividad, aumento en los gastos de salud pública, así como daños en la infraestructura. Cuando se suman estos costos, además del daño humano, nos percatamos de que el impacto económico es considerable. Y son gastos que podrían evitarse o disminuirse con un poco de prevención y de prudencia.
Es cierto que nuestra infraestructura vial tanto deja mucho que desear. Hay problemas con los semáforos y con las carreteras y calles Es cierto que muchos policías se colocan emboscados a la caza de mordidas o multas, en vez de vigilar los lugares de mayor peligrosidad. Es cierto que podrían desarrollarse campañas más efectivas de prevención a cargo de las instituciones públicas. Pero no nos engañemos, los principales responsables de los accidentes de tránsito somos nosotros, los conductores de autos, taxis, buses, motocicletas, interlocales, bicicletas, hasta los carretoneros y peatones.
Un nuevo factor de peligrosidad ha surgido a causa de la proliferación de motocicletas. El 30 por ciento de los fallecidos y el 40% de los lesionados son personas que iban a bordo de motocicletas. Es lógico. Por todos lados se les ve, si es de noche, las motocicletas sin focos. Y si es de día, y también de noche, es frecuente ver motos transportando tres y cuatro personas, casi siempre con niños. Es común también verlos cruzar de un carril a otro, lanzándose las rojas en los semáforos o disparados como alma que se lleva el diablo.
Por supuesto, el amigo más cercano de un accidente de tránsito es el alcohol. Uno se siente el mejor conductor del mundo y las vías parecen autopistas de seis carriles. Si maneja, no tome. Y si toma, no maneje. Es una sencilla fórmula que puede salvar miles de vidas y ahorrar miles de trastornos y gastos.
Cuando conducimos un vehículo es casi como si tuviéramos un arma mortífera en nuestro poder. Podemos arrebatar vidas ajenas, nuestra propia vida y la de nuestra familia.
Por nuestra propia seguridad. Por nuestro propio bienestar y el de nuestros conciudadanos, tengamos un poco más de prudencia, un poco más de responsabilidad, un poco más de amor por el prójimo. En esto sí que no hay nadie más responsable que nosotros mismos.

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