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Fiestas patronales: pequeña crónica sobre la celebración de los 70 años de Sergio Ramírez

Un amigo de Sergio Ramírez, cuya seriedad es proverbial, nos sorprendió con un  comentario inesperado en medio de una reunión donde planificábamos acciones de lucha cívica en favor de la democracia: “…les pido disculpas por abandonar la reunión pero debo asistir a otra de las celebraciones de Sergio. Estas fiestas patronales resultaron más largas que las de San Jerónimo, en Masaya, pero no puedo faltar…”. Y abandonó la sala.

Fiestas patronales. Así fueron las celebraciones dedicadas a Sergio Ramírez por sus 70 años de vida y 50 años de literatura. Extensas, festivas, densas e intensas. Todo un agosto, con popochines, mayordomos, jolgorios, octavas, gigantonas, piques y repiques. Pero sin santo. Las únicas fiestas patronales conocidas, sin santo, porque es sabido que  –y él no lo pretende- Sergio no es un santo.

Tal vez el principal rito se dedicó al humor, que Sergio fue repartiendo con generosidad en envoltorios de anécdotas y recuerdos. Las víctimas usuales eran los Ramírez, su familia, tíos, tías, abuelos. Anotemos algunas: La petición de mano que hizo su padre, en un entierro, para asegurarse, con premeditación y ventaja, que su futuro suegro guardara el debido comedimiento. O  las claves detrás de los personajes: El hombre que volaba y que en el pueblo terminaron ocupándolo para hacer mandados…dejo al lector imaginar al humilde mortal que inspiró la creación de tan especial personaje. O la pregunta desprevenida que un asistente jovialmente malicioso le hizo a Sergio sobre sobre uno de sus cuentos, en el cual el personaje principal es una gigantona.

Pero también disfrutamos de intervenciones densas. Por ejemplo, la presentación que realizó Danilo Aguirre Solís de la obra “Historias para ser contadas” merece un comentario aparte. El libro de Sergio, un intimidante texto de casi 800 páginas, es una colección de artículos escritos desde 1966 hasta el 2010, sobre los más diversos temas que uno pueda imaginar. Danilo se leyó de cabo a rabo la obra (bueno, al menos eso nos pareció a quienes nos quedamos hasta el final) y realizó una exposición magistral, llena de agudeza y premoniciones. Bien vale la pena volverla a escuchar, o leer.

Sergio fue generoso también en repartir saberes. Compartió y repartió secretos, descifrando códigos sobre tramas, temas, historias y personajes. El revés de las costuras. Genuinas cátedras de literatura. En cada evento me repetía a mi mismo cuánto se perdían los ausentes, particularmente los aspirantes  a escritores, novicios o en vías de consagración. Por cierto, no abundaron los literatos entre los cofrades presentes en las celebraciones públicas. Tal vez en las fiestas privadas que, como en toda fiesta patronal, siempre hay.

Debo confesar que concluidas las fiestas he quedado con una sensación de inseguridad. Ahora no se si debo seguir creyendo en algunas cosas que daba por ciertas. Sergio mencionó que algunos libros de historia han recogido como verdades episodios contenidos en sus novelas. Más que Historia, con mayúscula, son historias fruto de su imaginación.

La lección es: disfruten de las novelas y cuentos de Sergio, pero atiendan la advertencia que él mismo ha hecho. Son mentiras verdaderas. O verdaderas mentiras. Aquí va un ejemplo: A todos quienes hayan leído “Margarita, está linda la mar” sépanlo que Somoza García no danzaba al son de “la múcura” cuando recibió los disparos mortales de Rigoberto. ¿Recuerdan la múcura, interpretada por Celia Cruz? “…Muchacha quien te rompió tu mucurita de barro….mamá no puedo con ella…” …pues Somoza no estaba bailando. Estaba sentado, nos dice ahora Sergio.

 Y recibimos más. Recibimos emotividad, como las interpretaciones de Carlos Mejía o la proyección del cortometraje el centerfielder. Videos y exposiciones fotográficas. Y también regocijo esperanzado con la intervención, en uno de los eventos, de dos escritoras casi adolescentes, Fátima Villalta y Cinthia Zeledón, acosando a Sergio entre costilla y costilla sobre los secretos de la escritura.

En fin, Sergio se nos mostró de cuerpo entero, distendido, jovial, sólido, chispeante. Nos amenazó con otras fiestas patronales cuando cumpla ochenta años. Bienvenidas sean. Porque Sergio es sin duda uno de los valores más sobresalientes de la literatura latinoamericana actual. Y para orgullo nuestro, es nicaragüense. Y si bien es un escritor que porta laureles, muchos alentamos la fe de que los laureles mayores están por venir. Así sea.

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