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¿En verdad necesitamos un ejército?

Este comentario se me había quedado en la alforja, pero no es tarde para compartirlo.

Resulta que el pasado primero de diciembre los costarricenses celebraron el 72 aniversario de la abolición del ejército. Es un tema que nos debe llevar a la reflexión, si tenemos en cuenta qué ha ocurrido en los otros países centroamericanos a lo largo de estos tres cuartos de siglo.

Comencemos por recordar que en 1948 los ticos padecieron una guerra civil. No duró mucho tiempo, pero su desenlace estableció las bases para construir un nuevo país, ya que a partir de esa confrontación construyeron un modelo de convivencia democrática que, con sus problemas, ha persistido a lo largo de todas estas décadas.

Por supuesto, Costa Rica no es un país perfecto. Pero las comparaciones con el resto de países centroamericanos, que surgieron de la misma matriz, pueden dejarnos algunas lecciones.

En estos setenta años, mientras los costarricenses disfrutaban de paz, los demás países centroamericanos nos vimos enfrentados a conflictos bélicos. Para no ir muy largo, en la década de los ochenta, los pueblos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala se vieron envueltos en sangrientas luchas fratricidas.

Por otro lado, a lo largo de estas décadas, mientras los costarricenses disfrutaban de su democracia, libertades y derechos, los demás países centroamericanos padecían golpes de estado, violaciones masivas a los derechos humanos, dictaduras o gobiernos militares. Basta recordar en Honduras, las presidencias de Melgar Castro, López Arellano, Policarpo Paz: Todos llegaron al gobierno por la vía de golpes militares. O El Salvador, con José María Lemus, Adalberto Rivera, Fidel Sánchez, Arturo Armando Molina, Carlos Humberto Romero, los Abdul Gutiérrez o el coronel Majano: Todos gobernantes militares. Y en Guatemala, sin citarlos a todos: Castillo Armas, Ydígoras Fuentes, Arana Osorio, Laugerud García, Romeo Lucas, Ríos Montt, Mejía Víctores: Todos también, gobernantes militares.

En Costa Rica no hay generales, ni coroneles, ni soldados, ni tanques, ni batallones, ni fuerza aérea. Por supuesto que tienen policía y sus gastos de seguridad, pero la policía nada tiene que ver con las decisiones políticas.

Pero lo que más resalta, además de la estabilidad política, el ejercicio de derechos y libertades, y la democracia, son las diferencias en materia de bienestar y avances sociales de la población.

Anotemos algunos: En ranking de las mejores universidades de América Latina, correspondiente al 2020, que se acaba de publicar, figuran tres universidades centroamericanas. Y las tres son costarricenses. Ninguna otra universidad centroamericana aparece en el ranking. Obviamente no es por casualidad.

La seguridad social costarricense es la de mayor cobertura de Centroamérica: más del 90 por ciento. Y los salarios mínimos son los más elevados de la región.

En relación con Nicaragua, el Producto Interno Bruto, PIB, de Costa Rica multiplica por 5 el PIB de Nicaragua. Nosotros andamos por los 12 mil millones de dólares anuales y ellos por los 60 mil millones de dólares. Y aquí les comparto un dato que pocos conocen. Ya hemos dicho que el PIB engloba la totalidad de la producción en bienes y servicios de un país, en un año. Pues bien, según datos de la OCDE (una organización internacional que agrupa a los países ricos), el aporte de los nicaragüenses residentes en Costa Rica a la economía de ese país equivale al 11% del PIB. Si consideramos que el PIB costarricense supera, como ya dijimos, los 60 mil millones de dólares, llegamos a la sorprendente conclusión de que el producto del trabajo de los nicaragüenses en Costa Rica equivale, en valor monetario, a más de la mitad del total de lo que producen los nicaragüenses en Nicaragua.

¿Cuál es la razón? Porque los niveles de productividad en Costa Rica son muy superiores a los niveles de productividad en Nicaragua. Dicho en otras palabras: el trabajo de los nicas en Costa Rica rinde más que el trabajo de los nicas en Nicaragua.

Y un último dato, el presupuesto de Costa Rica en educación es mayor que el presupuesto total de Nicaragua. Así como lo está leyendo, lo que ellos invierten solo en educación es mayor que el presupuesto de Nicaragua en carreteras, salud, educación, ejército, policía, aparato judicial, burocracia estatal y demás gastos públicos. Y todavía el dictador y sus paniaguados salen fachenteando con sus éxitos económicos. En el 2020 el presupuesto asignado al ministerio de educación en Costa Rica superó los US$ 4 mil millones, mientras el presupuesto total en Nicaragua no llegó a US$ 2 500 millones.

Naturalmente, esto no significa que los ticos estén en la gloria en materia económica. Enfrentan problemas, principalmente de deuda y déficit fiscal, pero, evidentemente, juegan en otra liga.

Toda comparación es ingrata, así que no vamos a seguir suministrando datos. Lo hacíamos solo como base para nuestra reflexión.

La reflexión es: Estos logros de orden político, económico, social y cultural, en comparación al resto de países centroamericanos, ¿son resultado de que abolieron el ejército?

Posiblemente no será la únicaexplicación de todos estos resultados, pero en buena parte algo tendrá que ver la abolición del ejército con disfrutar tantos años de paz, estabilidad, democracia, libertades y recursos para invertir en educación. Evitarse la presencia perturbadora de generales, tanques y batallones, sin duda, ayuda bastante.

¿Cómo estaríamos, si, por ejemplo, el proceso de reducción, transformación y disminución del presupuesto del ejército que inició doña Violeta hubiera continuado?

¿Nuestra educación y avances económicos y sociales hubieran mejorado reorientando los gastos militares a educación y tecnología?

Se trata de un hubiera y por consiguiente no tiene respuesta.

Sin embargo, hacia el futuro, es una reflexión que debemos plantearnos:

¿En verdad necesitamos un ejército?

La historia centroamericana y nuestra propia historia nos ofrecen la respuesta.

#Nicaragua #CostaRica #Centroamérica

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