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El camino que condujo a las protestas de abril del 2018

Un paramilitar al servicio de Ortega dispara contra manifestantes desarmados en pleno centro de Managua, en septiembre 2015
Un paramilitar al servicio de Ortega dispara contra manifestantes desarmados en pleno centro de Managua, en septiembre 2015

Un paramilitar al servicio de Ortega dispara contra manifestantes desarmados en pleno centro de Managua, en septiembre 2015: Episodios que son parte del camino que condujo al estallido de abril del 2018

De manera cuidadosa y calculada, Ortega fue edificando su régimen dictatorial, peldaño a peldaño, principalmente a partir de las lecciones aprendidas en la década de los ochenta y, más tarde, durante los años en los que le tocó estar en la oposición. Las protestas de abril agrietaron el edificio, pero no se desplomó. Examinemos el camino que condujo a las protestas de abril del 2018, como base para hacer balance y visualizar las perspectivas.

Las lecciones que aprendió el dictador

En los años ochenta, los principales ejes de confrontación fueron la iglesia católica, la empresa privada y Estados Unidos.

En cuanto a la institución religiosa, procedió a establecer una alianza con el sector encabezado por el cardenal Miguel Obando y Bravo, mientras intentaba forjar relaciones cordiales con el otro sector. Incluso llegó al extremo de contraer matrimonio por la iglesia, proclamarse católico practicante y adornar hipócritamente sus discursos con frases bíblicas.

Respecto a Estados Unidos, buena parte de su primera etapa en el poder coincidió con el gobierno de Obama, quien desarrolló una política condescendiente hacia los gobiernos del denominado Socialismo del Siglo XXI. El aspecto más resaltante de esa política fueron los acuerdos con el régimen cubano. Ortega se montó y agarró con esta política, después del tropiezo inicial con el fraude electoral en las elecciones municipales del 2008, que llevó a la cancelación de la participación de Nicaragua en los beneficios del programa Cuenta Reto del Milenio. Millones de dólares se perdieron con esa sanción.

El dictador, rápidamente se alineó con las principales prioridades norteamericanas: control de migraciones, libre comercio, apertura financiera, apertura a inversiones extranjeras, indemnización a confiscados, entre otros. De hecho, Ortega actuó como gendarme de Estados Unidos en materia de migraciones en Centroamérica.

En cuanto a la empresa privada, la alianza con los grupos económicos más prominentes constituyó uno de los pilares del modelo económico y social del orteguismo. En la práctica, operó un cogobierno a partir de un triángulo compuesto por la presencia de representantes de las cámaras empresariales en más de 40 instancias del Estado; incidencia en la elaboración y aprobación de alrededor de un centenar de leyes y decretos; y las componendas a nivel de cúpulas.

La palanca principal que afianzó el modelo político y económico fue la cooperación venezolana. Con este subsidio pudo mantener equilibrios macroeconómicos, financiar programas asistenciales destinados a consolidar y ampliar su clientela política, comprar conciencias y repartir prebendas. Y, sobre todo, amasar una fortuna colosal si se considera el tamaño de la economía nicaragüense.

Las lecciones de los noventa

Las lecciones de los noventa le permitieron confirmar la importancia de los medios de comunicación, las fuerzas armadas y el poder institucional. Por consiguiente, procedió a comprar medios televisivos y radiales, y controlar periódicos y programas informativos y de opinión; y, con la otra mano, acosar a los insumisos. Mediante maquinaciones, privilegios y corruptelas colocó bajo su dominio a los mandos del ejército y de la policía, y se apoderó del control de las principales instituciones del Estado, primero con la complicidad del PLC, como socio minoritario. Más tarde se hizo con el control absoluto, que le permitió reformar la Constitución, imponer leyes a su gusto y antojo, y concretar fraudes electorales.

Por supuesto, la principal lección aprendida fue que en última instancia la fuerza y la represión eran la garantía del régimen. Así, las expresiones de oposición fueron arrinconadas, reprimidas o aplastadas a punta de balas. Basta recordar la masacre de La Cruz de Río Grande, con el asesinato de los menores hijos de doña Elea Valle.

En 2016, sintiéndose dueño del poder absoluto, destituyó a los diputados opositores, eliminó de la contienda electoral a las únicas fuerzas de oposición aglutinadas en la Alianza PLI, impuso a su esposa como vicepresidenta y se auto recetó fraudulentamente el número de votos necesarios para controlar el poder legislativo. Fue el aparejo que completó el edificio de la dictadura.

La comunidad internacional permaneció ciega, sorda y muda ante esta cadena de atropellos.

Se acabó el subsidio petrolero, se desinfló la chimbomba

Sin embargo, el modelo comenzó a fracturarse por el lado más inesperado. La caída de los precios internacionales del petróleo y la crisis económica y política de Venezuela provocaron un desplome sustancial de la corriente de petrodólares; y así, al desinflarse el subsidio petrolero, también se desinfló la colorida chimbomba económica con la que fachenteaban Ortega, cómplices y aliados.

El modelo nunca produjo ni mejoras tecnológicas, ni modernización productiva, ni empleos estables, ni suficientes. De hecho, el INSS comenzó a perder afiliados desde septiembre del 2017. Mientras, los beneficios económicos se concentraron en una minoría de empresas y empresarios. La desigualdad no solo afectaba a trabajadores, cuentapropistas y microempresarios, sino también a pequeñas y medianas empresas.

Cuando se acabaron o redujeron los programas financiados con los fondos venezolanos, el desencanto se tradujo en alejamiento primero, y en descontento después.

Por otra parte, los proyectos faraónicos anunciados por el régimen, y que encandilaron mentes, esperanzas y ambiciones, como el canal interoceánico, la hidroeléctrica Tumarin, la refinería, el satélite, el renacer del algodón, el puerto de aguas profundas la Costa Caribe, entre otros delirios, no pasaron de intentonas y embustes.

Se apagaron los entusiasmos y se socavaron las bases de apoyo.

Y ardió la pradera…

En estas condiciones Ortega impuso las reformas a la seguridad social, como recurso para solventar el despilfarro, la corrupción, la incompetencia y el fracaso económico y social del modelo de alianza público privado. Las protestas de los jubilados encendieron la mecha. Siguió la juventud y luego las familias. Y ardió la pradera.

Este es el proceso que condujo al estallido de abril. A tres años de distancia ¿Cuál es el balance y cuáles las perspectivas de la lucha por restablecer la democracia?

Eso viene en el próximo escrito.

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