El modo de ser político en Nicaragua

¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura política?

Con frecuencia escuchamos la expresión cultura política para referirnos a las creencias, actitudes y comportamientos colectivos en materia política. De hecho, se ha planteado toda una batalla sobre lo que se califica como “cultura política tradicional” frente a pretendidas “nuevas formas de hacer política”, las cuales, al menos por ahora, en buena parte de los casos no son más que un alegato, un estandarte en el que nuevos rostros y voces escudan las viejas prácticas.

Hay quienes discuten la validez de este término y afirman que, en Nicaragua, en lugar de hablar de cultura política más bien deberíamos utilizar la expresión subcultura política, pues nuestros comportamientos están más cargados de lacras y vicios que de valores. Otros alegan que mejor sería la palabra idiosincrasia política. No entraremos en esa discusión. Cada quien puede utilizar la expresión que prefiera siempre que estemos hablando de lo mismo, es decir, las creencias, actitudes y comportamientos políticos.

Evidentemente, la cultura política no es privativa de los políticos: concierne a la sociedad en su conjunto, ya que todos tenemos visiones y conductas de naturaleza política. Hasta quienes afirman que no les importa, o que no se meten en política: Esa es, precisamente, una forma de comportamiento político.

Por otra parte, la cultura política se va construyendo a lo largo del tiempo y se manifiesta en distintos espacios: la familia, la calle, el barrio, la parada del bus, el trabajo; a la hora de votar, a la hora de protestar, o a la hora de quedarse callado.

Como todo proceso de construcción social, en su conformación influyen las élites de poder económico, político, religioso, cultural o social. Influyen el sistema educativo, los medios de comunicación, las organizaciones políticas gremiales y sociales. Y también las prácticas del pueblo. Por esta razón estas pautas sociales no cambian de la noche a la mañana, ni por decreto o por arte de magia.

Una nota más: La cultura política de los nicaragüenses está en la raíz de las tragedias que hemos padecido en el pasado y que padecemos en el presente.

Un retrato de hace 150 años                                                                                                                                      Esta larga introducción sirve de base a nuestro comentario sobre un escrito que con el título “El modo de ser político en Nicaragua”, publicó un periodista granadino llamado Carlos Selva. Lo provocativo del caso es que se divulgó nada más y nada menos que en 1874, cuando Nicaragua apenas tenía 50 años de vida independiente.

Extraeremos algunos párrafos de este retrato de hace siglo y medio para contrastarlo con nuestra historia reciente y nuestros comportamientos actuales a fin de constatar cuánto ha cambiado nuestra “cultura política”.

Aquí va la primera cita: “Durante el medio siglo que tenemos de vivir la vida de los pueblos libres e independientes se han hecho constantes y generosos esfuerzos por los patriotas para consolidar las instituciones democráticas y encaminar nuestra incipiente nación por el camino del progreso, siguiendo las huellas de los pueblos más cultos…pero la ignorancia de los unos y las malas pasiones de los otros han maleado la obra del patriotismo y colocado a la patria en diversas ocasiones al borde del abismo”.

La ignorancia de los unos y las malas pasiones de los otros, acota don Carlos, han colocado a la patria al borde del abismo. ¿Semejanzas o diferencias con el presente?

Sigamos con otro párrafo:

“La diferente manera de ver y apreciar las cosas, los intereses encontrados y las rivalidades y celos han fraccionado a los nicaragüenses, constituyéndolos en bandos que apellidan políticos y lanzándoles a la lucha material, lucha impía e insensata que nos ha dado en último término la ignorancia, la pobreza, el aislamiento y, en fin, todo ese cortejo de males…”

Subrayemos de nuevo: intereses encontrados, rivalidades y celos nos han postrado en la ignorancia, la pobreza, el aislamiento y, en fin, todo ese cortejo de males. Fíjense bien: estamos hablamos de hace 150 años.

No hay partidos políticos                                                                                                                                                Don Carlos lleva su análisis a los partidos políticos de la época y nos dice cómo era la cuestión hace siglo y medio:

En otros países los partidos políticos son verdaderamente tales…tienen principios hacia los cuales gravitan constantemente, las luchas que sostienen son de un carácter más digno. Llevan por punto objetivo la realización de un ideal que ellos creen fecundo en bienes para la nación y muchas veces para la humanidad…Pero nuestros partidos no tienen ese carácter… Para justificar esa verdad no necesitamos recorrer toda la historia de nuestras aberraciones políticas.”

 “Aquí no hay partidos políticos propiamente tales sino círculos, agrupaciones más o menos numerosas de hombres que quieren tomar participación en las cosas públicas para coronar sus ambiciones, las que tratan de ocultar bajo el manto de la política.”

 “Las mismas instituciones políticas, el mismo sistema económico proteccionista y de monopolios, el mismo sistema administrativo sirve a los dos partidos, ninguno es partidario de la libertad religiosa porque ambos son igualmente fanáticos, ninguno ha operado la reforma económica porque profesan los mismos principios económicos, o más bien no tienen ningún principio”.

En otras palabras, después de un siglo y medio la tarea de construir verdaderos partidos políticos sigue pendiente. Y los que se denominan partidos, hoy como ayer sustentan “el mismo sistema económico proteccionista y de monopolios….profesan los mismos principios económicos, o más bien no tienen ningún principio.

Para no alargar esta lectura, por ahora nos quedaremos aquí. Continuaremos en un próximo artículo con las aleccionadoras, elocuentes y sorprendentes opiniones que este nicaragüense, don Carlos Selva, publicó hace 150 años.

#Nicaragua

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