Lecciones que aprender de la más reciente encuesta

 

Está dando mucho que hablar la encuesta que publicó el pasado 17 de junio la empresa CID GALLUP. Es pertinente detenernos, analizarla con la cabeza fría y extraer las lecciones que correspondan. Vale mencionar que hace más de seis meses que no se publicaban encuestas en el Nicaragua.

De entrada, es importante hacer la siguiente salvedad: cuando las encuestas políticas son realizadas de manera imparcial y con una metodología adecuada, son instrumentos muy útiles para medir estados de opinión, aproximarnos a las realidades y posibilitar la adopción de decisiones. Por supuesto, esto no ocurre siempre, pues se conocen casos, aún en países donde esta práctica está arraigada, en que las encuestas fallan.

Esta prevención es todavía mayor en el caso de Nicaragua, donde el ambiente represivo es un disuasivo para que la gente exprese libremente sus opiniones políticas a los encuestadores. Las empresas más serias en este ramo han advertido sobre esta limitación en las condiciones particulares de nuestro país.

Otra prevención que corresponde hacer sobre las encuestas es que reflejan un momento, a manera de retrato; es decir, sus conclusiones no se sostienen a lo largo del tiempo pues las opiniones pueden modificarse de manera significativa ante cambios en el contexto o como producto de la dinámica social.

Por supuesto, las anteriores advertencias son válidas para empresas serias, y no para los fantoches que contrata el régimen para hacer pasar como encuestas lo que en verdad son groseras formas de propaganda política.

Con estas prevenciones presentaremos un análisis general sobre los principales datos.

Comenzaremos esta vez por el final, con las conclusiones:                                         

1.  La inmensa mayoría, esto es, más del 70% de los nicaragüenses, rechaza el régimen encabezado por Ortega. Este porcentaje es bastante consistente a lo largo de las diferentes preguntas de la encuesta. Es un dato relevante que este altísimo porcentaje expresó una posición de rechazo, a pesar de las condiciones de represión.

En contrapartida, un porcentaje del 23% se manifiesta como leal a Ortega. Son una minoría que actúa como si fuera mayoría.

2.  Si bien la inmensa mayoría se opone a Ortega, esa oposición no se traslada en apoyo a las fuerzas opositoras existentes. Es decir, tanto la UNAB, como la Alianza Cívica, el PLC o CxL, reciben porcentajes ínfimos de preferencia por parte de la población, según la encuesta. Ni las viejas organizaciones, ni las nuevas, parecen despertar confianza o entusiasmo en la población. Entre todos, apuradamente, llegan al 12%. Es decir, la gran mayoría de los nicaragüenses sigue demandando una organización política que exprese sus intereses y aspiraciones.

3. La pandemia pasó a situarse como la principal preocupación de los nicaragüenses. El desempleo y los problemas económicos siguen como problemas apremiantes, pero ahora la pandemia se colocó a la cabeza.

4.  La campaña emprendida por medios de comunicación independientes, organizaciones cívicas, gremiales y profesionales de la salud en prevención de la pandemia ha tenido impacto positivo. La inmensa mayoría de los nicaragüenses declara estar aplicando las medidas de prevención recomendadas. Además, reprueban la gestión del régimen y han dado la espalda a su campaña de “normalidad”.

5.  Una inmensa mayoría atribuye gran importancia a las elecciones libres porque podrían cambiar el rumbo del país, sin embargo, también la mayoría no cree que se produzcan elecciones libres pues hay gran desconfianza en el Consejo Supremo Electoral. Un porcentaje significativo declaró que no tiene intención de votar.

Algunos de los datos que acreditan las conclusiones anteriores son:                      En cuanto al rechazo al régimen

  • Más del 70% de los nicaragüenses opina que el país va por el rumbo equivocado.

  • Más del 70% está en desacuerdo con la manera en que el gobierno ha enfrentado la pandemia.

  • Más del 70% considera muy importante la realización de elecciones y el mismo porcentaje opina que con elecciones libres cambiaría el rumbo del país.

  • Más del 60% considera que su situación económica ha empeorado en comparación con el año anterior.

  • El 66% opina que con Ortega en el poder no se podrán resolver los problemas de las familias nicaragüenses.

En cuanto al respaldo al régimen:

  • El 23% declara que votaría por el Frente Sandinista.

  • El 24% califica positivamente el desempeño del ministerio de salud.

  • El 23% confía en que las próximas elecciones serán libres.

  • El 23% opina que el CSE es “muy capaz”.

En cuanto a la oposición:

  • A la pregunta sobre preferencias políticas, la UNAB obtiene el máximo puntaje con el 5%. La Alianza Cívica el 1%

  • El 64% de los encuestados, en materia de preferencias políticas manifiesta que por “ninguno”.

Específicamente, sobre el tema de la pandemia, que es la mayor preocupación de los nicaragüenses en el momento actual, las principales opiniones que recoge la encuesta son las siguientes:

  • El 75%, tres de cada cuatro, expresan temor a ser contagiados por el coronavirus.

  • Más del 90% declara estar tomando medidas de protección, principalmente mascarillas, distancia social y lavado de manos.

  • Dos de cada tres nicaragüenses conoce al menos a una persona que ha sido contagiada o ha fallecido a causa del coronavirus. Es decir, las mentiras del régimen con las cifras no tienen ningún impacto frente a la realidad que vive la gente en su barrio, en su familia o en su municipio.

Qué lecciones podemos extraer de los datos anteriores                                                    Lo primero es no tomarlos como verdad absoluta. Pero igualmente, sería una equivocación descalificarlos solo porque no se ajustan a nuestra opinión. En este sentido debo expresar que a mi juicio los datos se aproximan en mucho, por hoy, a lo que cotidianamente veo, escucho y leo como expresiones de la gente, de distintos bandos y por distintos medios.

En particular, las organizaciones y liderazgos opositores cometerían un error garrafal si desprecian estos resultados. Todo lo contrario, deberían llevar a un proceso de reflexión para responderse la pregunta ¿Por qué ese alto porcentaje de rechazo al régimen no se traslada en apoyo a las organizaciones opositoras? ¿Por qué se desplomó la percepción positiva que registraban el pasado año la UNAB y la Alianza Cívica?

En mi opinión las respuestas pueden ser dos:

  • Concentraron su agenda, su discurso, sus mensajes y sus debates en temas ajenos a las realidades y problemas de la gente.

  • Al colocarse al mismo nivel que las organizaciones políticas tradicionales, que la gente rechazó y rechaza de manera categórica desde antes de las protestas de abril, se convirtieron en “uno más del taller Cajina”, sin nada nuevo o distinto que ofrecer. La coalición nacional, con los partidos tradicionales adentro, incluyendo aliados públicos de Ortega, nació con plomo en el ala.

Es urgente rectificar. Persistir en el mismo camino es, lisa y llanamente, marchar rumbo al despeñadero.

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