El flanco más débil del régimen…

 

Sin duda, el flanco más débil del régimen es la economía. El deterioro económico tiene dolorosas consecuencias en distintos sectores sociales y, puede pronosticarse que tendrá, a la larga o a la corta, consecuencias políticas.

Por tanto, se impone analizar el desempeño económico en el 2019 antes de asomarnos a las perspectivas que ofrece el 2020.

¿Ha sido exitosa la gestión económica y social del régimen?

De entrada, corresponde remarcar lo siguiente:

Es falso, de toda falsedad, que el crecimiento económico pregonado por los voceros y paniaguados del régimen generó impactos beneficiosos para la mayoría de la población, a partir de la llegada de Ortega al poder. Las mismas cifras oficiales comprueban que, en comparación con el último año de gobierno de Enrique Bolaños, el 2006, con Ortega en el poder aumentó el subempleo y los trabajadores de la economía informal. Además, hicieron charanga con los fondos del INSS hasta llevarlo a una gravísima crisis financiera. Y los malabares estadísticos con las cifras de pobreza no son suficientes para esconder la evidencia de que la pobreza registraba una tendencia a aumentar hasta superar el 40% de la población, en los años previos al estallido de las protestas de abril (FIDEG). De hecho, ese estallido se explica, en buena medida, por el impacto perverso en la mayoría de la población del modelo económico impuesto por el régimen. Todavía más: la pobreza se contuvo en esos porcentajes gracias al sacrificio y las remesas de los nicaragüenses residentes en el exterior, y no por las políticas sociales y programas clientelares del régimen.

El pregonado éxito económico y social no es más que una patraña.

Pasemos ahora al comportamiento de la economía nicaragüense en el 2019.

Comencemos por señalar que la previsión oficial del régimen era que en el 2019 la economía registraría un decrecimiento económico del 1%. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional, después de su visita a Nicaragua, a fines del año pasado, declaró que la economía disminuiría casi un 6% (5.7% para ser más preciso).

¿Qué significa, en cristiano, un encogimiento del 6% de la economía nacional?

Significa más desempleo, cierre de empresas, contracción de créditos bancarios, pérdida de ingresos, migraciones, mayor pobreza y mayor endeudamiento de familias y empresas.

Para darnos una idea de las proporciones basta recordar que, en el 2018, el gobierno afirmó que la economía se contrajo cerca del 4%. Ese año, según reportes oficiales decenas de miles de empresas cerraron, solo al INSS se desafiliaron 3000 empresas y 158 mil trabajadores dejaron de cotizar. Utilicemos el sentido común: Si en el 2019 la actividad económica se empeoró del 4% al 6%, es lógico deducir que los perjuicios a familias y empresas se agudizaron.

Ahora bien ¿Cómo se explica que la economía tuvo un peor desempeño en el 2019, en comparación con el 2018, si no hubo ni paros, ni tranques, ni moratorias en el pago de impuestos?

Nociones de economía para no economistas

Para entenderlo tenemos que compartir algunas nociones básicas de economía.

Las fuentes del crecimiento económico de un país son, principalmente, las inversiones, a cargo de empresarios nacionales y extranjeros; y el consumo, esto es, las compras de bienes y servicios por parte de las familias. A ello se agrega el gasto del Estado, que incluye las inversiones públicas.

Mayores inversiones amplían la capacidad productiva del país; generan actividad económica, exportaciones, empleo. Por su parte, un aumento del consumo eleva el bienestar de las familias y es resultado, ordinariamente, de un aumento en los ingresos de trabajadores y consumidores. A su vez, si los consumidores compran más, las ventas se elevan, y mayores ventas estimulan mayor actividad económica. Esto es lo que dicen los fundamentos de la teoría económica.

¿Qué ocurrió en Nicaragua con las inversiones y el consumo?

Tanto las inversiones como el consumo se mantuvieron deprimidos a causa de una razón fundamental: la desconfianza e inseguridad económica que provoca el régimen. Y es lógico: no puede engendrar confianza en los agentes económicos un gobierno que pisotea la Constitución y las leyes; que atropella derechos y libertades ciudadanas, incluyendo el derecho de propiedad y de libre empresa; que se encuentra aislado internacionalmente a causa de las flagrantes violaciones a los derechos humanos; que oculta información económica; y que sigue abusando de manera escandalosa de los instrumentos del Estado para proteger y amamantar fraudulentamente el capital privado de la familia en el poder.

¿Qué garantías o seguridades puede ofrecer este régimen a inversionistas y consumidores? Ninguna.

Por otra parte, la represión y el despliegue de policías y paramilitares, a luz pública, tiene una repercusión nociva en el turismo, que era una de las actividades dinámicas de la economía que permeaba a empresas de diverso tamaño.

Tendrían que ser aventureros los turistas que se arriesguen a visitar el país, cuando sus embajadas les advierten sobre la inseguridad prevaleciente, y ven en los noticieros internacionales los abusos de las fuerzas represivas.

¿El responsable es Ortega o la “crisis sociopolítica”?

De las consideraciones precedentes podemos extraer una primera conclusión:

Carece de fundamento y es un desacierto político atribuir el deterioro económico a la “crisis sociopolítica”. Algunos economistas, analistas, medios de comunicación suelen repetir esta expresión. Esa aseveración, consciente o inconscientemente, exime a Daniel Ortega y a la camarilla gobernante de sus responsabilidades.

Quedemos claros: Ortega y su camarilla son los únicos causantes del deterioro económico y social que afecta a empresas, familias y economía nacional. Y lo es, por una doble vía: es la fuente de la desconfianza e inseguridad; y es quien impone las medidas económicas que repercuten perversamente en familias y empresas. Llevar este mensaje a la población cada día y por todos los medios es una acción política esencial para socavar el flanco más débil del régimen.

¿Cuáles son esas medidas que impuso Ortega? ¿Qué repercusión tienen en empresas, trabajadores y consumidores? ¿Qué acciones se desprenden de estas realidades?

Esos son los temas de nuestro próximo artículo.

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