Lavado de cerebro

 

 

Es común escuchar que el futuro de Nicaragua está en la juventud. Si en realidad creemos en esta frase, es importante que sepamos qué está ocurriendo con nuestra niñez, nuestros adolescentes y nuestros jóvenes.

Todo gobierno totalitario tiene como propósito final penetrar en las mentes de la población para estar en condiciones de manipular a su gusto y antojo. En otros tiempos se utilizó la frase “lavado de cerebro” para calificar los empeños de los regímenes totalitarios para deformar la historia, ocultar la realidad y aplastar pensamientos independientes. A la larga es un esfuerzo condenado al fracaso, como lo demuestra el desplome de los gobiernos del bloque soviético, pero, mientras duran, la cuota de sufrimiento es sencillamente incalculable. En la URSS tuvieron que pasar más de 70 años.

¿Saben ustedes qué está inyectando este régimen totalitario en la cabeza de nuestra niñez, de nuestra juventud y de nuestros adolescentes, cada día, cada hora, en todo el territorio nacional, en escuelas e institutos?

En los espectáculos hitlerianos del régimen vemos a jóvenes, como borregos, encamisetados, cumpliendo los ritos, gestos y gritos que les imponen. Es un espectáculo grotesco. Pero hay una realidad escondida todavía peor: más de millón y medio de niños, niñas, adolescentes y jóvenes van a la escuela, todos los días, a recibir un adoctrinamiento sistemático e implacable.

Un reportaje elaborado por el periodista nicaragüense Julián Navarrete, publicado en la plataforma digital CONNECTAS, con el sugestivo título “Daniel Ortega vuelve a la escuela” levanta el velo de este tema.

La investigación periodística desnuda la burda propaganda que siembra el régimen en las escuelas.

Julián, para su investigación, revisó 25 libros de primaria y secundaria de colegios públicos: 9 de Estudios Sociales, 11 de Lengua y Literatura y 5 de Convivencia y Civismo, en los que encontró 35 fotos del caudillo sandinista junto a alusiones constantes a los beneficios que dejan los proyectos gubernamentales, así como referencias a Evo Morales, Hugo Chávez, Ernesto Che Guevara o Fidel Castro,

Aquí van unos botones de muestra sobre los tóxicos que se inyectan cotidianamente a nuestra niñez. En el texto de quinto grado de Convivencia y Civismo menudean lecturas como el siguiente párrafo: “–Mamá dice, ahora tenemos un Gobierno que se preocupa por las dificultades que tiene el pueblo, por eso a doña Lupe le hicieron su casa, destruida por el terremoto, a doña Lola le dieron zinc para cambiar el techo que era de plástico, a la Juana le entregaron su bono productivo alimentario, para que le diera vida a su parcela y saliera de la pobreza, multiplicando los animales recibidos y cultivando la tierra con las semillas, a la Panchita la beneficiaron con el préstamo de Usura Cero, para ampliar su fritanga, y a nosotras las agricultoras el Banco de la Producción nos da préstamos para el cultivo de café y granos básicos”.

O el siguiente párrafo, tomado del libro de segundo año de secundaria, de estudios sociales, que transcribe las palabras de Rosario Murillo en rastrero agasajo a Hugo Chávez:
l
…“Usted, libertador. Usted, constructor. Usted, Comandante Presidente, comunicador. Usted, consagrado, ¡ahora más que nunca consagrado! Usted, alegría, entrega. Usted, generosidad. Usted, inteligencia brillante… ¡qué inteligencia! ¡qué estudioso! ¡qué capacidad! Usted, articulado…Porque su legado, Comandante-Presidente, es esa bandera que ondea en alto de todos nuestros corazones”.

Intoxicaciones como estas, reciben a diario las mentes infantiles y juveniles.

Movido por la curiosidad que me despertó el artículo de Navarrete, me fui a investigar qué historia le enseñan a nuestros jóvenes de secundaria, y me encontré en el libro de estudios sociales hallazgos como el siguiente:

–Dedican casi cinco páginas a la biografía de Carlos Fonseca Amador.
–La historia del Frente Sandinista se relata en 6 páginas.
–A Pedro Joaquín Chamorro se refieren en un párrafo de cinco líneas.
Lo anterior es solo un ejemplo.

Pero hay más. Escribiré el siguiente párrafo, tal cual está en el mismo libro: “A partir del 2007 comenzó una nueva fase historica empesando así, empezando así la segudo, etapa de la Revolución Popula Sandinista.”

La palabra histórica va sin acento; la palabra empezando la escribieron con ese; escribieron segudo en lugar de segunda; y popula en lugar de popular.

Cito lo anterior porque además de la deformación en los contenidos, el texto es una horrorosa colección de errores ortográficos, de redacción y de tipografía. Ni siquiera le pasaron el corrector que tiene cada computadora. Un libro chapucero de punta a punta.

Es importante señalar que este texto, y otros del mismo tenor, son financiados con recursos de la Unión Europea. Me pregunto si  tienen que responder, o no, los financiadores del contenido, la calidad y el uso, o abuso, que se da a sus contribuciones.

Vamos a cerrar con un párrafo que es una joyita, dice así:
Hoy, Nicaragua vive en libertad y en democracia, las autoridades son respetuosas de la ley y de las instituciones públicas, sin persecución política ni presos políticos, ni torturas en las cárceles, sin exiliados, sin represión militar o política. Aquí todos los partidos y todas las organizaciones gozan de libertad de pensamiento y de organización, libertad de expresión y de organización, libertad de culto, libertad para viajar donde quieran…”

Veneno puro. Dosis como estas recibe nuestro futuro cada hora, cada día, en cada escuela.

Si queremos derrotar al gobierno totalitario de Ortega, la batalla debemos darla en todos los campos, todos los días. Lamentablemente hay unos campos que se descuidan porque usualmente nos dejamos llevar por los más urgentes o más inmediatos. Y uno de esos campos son las mentes de nuestra niñez, adolescentes y jóvenes.

¿Qué hacer? Si bien hemos visto en las redes conmovedores ejemplos de rebeldía de niñas, niños y adolescentes, no podemos cruzarnos de brazos ante un hecho tan grave. Comencemos por denunciar. Además, nuestros académicos tienen aquí un desafío: es imperativo profundizar el análisis sobre el hecho sus repercusiones. Finalmente, las familias, medios de comunicación y la sociedad democrática están obligadas a preocuparse y ocuparse de contrarrestar el veneno que inyectan a nuestra niñez y juventud.

 

 

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