Más vale tarde que nunca

 

Los hechos recientes parecen indicar que estamos entrando en una nueva etapa. Se rompió el estancamiento, se está retomando la iniciativa política y la estrategia de Ortega comienza a mostrar fisuras. Es momento pues de esmerarse por interpretar el momento, tomar las decisiones correctas y, sobre todo, de mantener firme el timón.

Recapitulemos los hechos.

1. El crimen de Eddy Montes y la vapuleada a los prisioneros políticos perpetrada por los esbirros del régimen encandilaron los ánimos de la población y encendieron los bombillos de la comunidad internacional.

2. La Unidad Azul y Blanco, que en sus últimos comunicados venía insistiendo en intensificar la presión y en el retiro de la Alianza Cívica de la mesa de negociación, emitió un pronunciamiento muy contundente en el que hizo un llamado a la desobediencia civil, exhortó a una moratoria fiscal y de manera clara y rotunda excitó a la comunidad internacional a adoptar sanciones en contra del régimen por violentar el marco jurídico internacional en materia de derechos humanos.

3. Por su parte, la Alianza Cívica, que resistió las presiones del régimen para que demandaran el cese de las sanciones internacionales, anunció su retiro de la mesa de negociación con Ortega, y su disposición a regresar “sólo cuando se hayan excarcelados a los presos políticos de toda la lista conciliada, sin menoscabo de la liberación definitiva de todos los presos políticos para el 18 de junio”. Además, convocó a concertar la realización de un paro nacional y otras acciones cívicas. Las cámaras empresariales hicieron público su respaldo al paro nacional.

4. Ayer, el Consejo Permanente de la OEA, después de varias sesiones sobre Nicaragua en las que solamente se habían producido debates, adoptó una resolución en la que plantea un conjunto de exigencias al gobierno de Ortega. La liberación de los prisioneros políticos antes del 18 de junio; la restauración de los derechos y garantías ciudadanas, incluyendo la libertad de prensa y el derecho a la libre movilización; reformas institucionales para asegurar elecciones limpias; retorno seguro de los refugiados políticos en el exterior; garantías para que las organizaciones internacionales de derechos humanos cumplan su trabajo, en particular la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

5. El régimen respondió con una maniobra: excarceló a cien rehenes.

¿Cómo podemos interpretar estos hechos? ¿Y qué corresponde hacer?

Ortega ha venido cumpliendo puntualmente con la estrategia que diseñó para mantenerse en el poder. De un lado, utilizar la mesa de negociación para distraer a la comunidad internacional, ganar tiempo, desgastar a la Alianza Cívica y crear contradicciones con otras organizaciones opositoras, así como desalentar o desmoralizar a la población.

A la par, desarrolla acciones en el campo internacional, campañas en sus medios de comunicación, maniobras con sus aliados locales e internacionales, mientras mantiene la represión, y la suspensión de derechos y libertades, al punto de amenazar directamente a los miembros de la Alianza Cívica.

La situación podía definirse como “burro amarrado con tigre suelto”.

En otras ocasiones hemos dicho que para Ortega la política es la continuación de la guerra por otros medios. En consecuencia, solo entiende de correlaciones de fuerza, acciones de hecho, golpes de mano y presiones. Es su lenguaje. Toda la vida ha sido su método de acción en política. Hay que corresponderle con el mismo lenguaje.

Con estos antecedentes, la posición de la Unidad Azul y Blanco y el aparente cambio de estrategia de la Alianza Cívica pueden representar un punto de ruptura que quiebre la estrategia que Ortega hasta ahora ha implementado exitosamente y nos permita avanzar más firmemente en la lucha por la libertad, la justicia y la democracia.

Se trata entonces de dar la batalla política en todos los frentes e intensificar las presiones. Por consiguiente, el paro nacional que se ha convocado es una acción necesaria y oportuna. Cierto es que un paro nacional no va a botar a Ortega. Pero es un paso en la dirección correcta. Primero, porque la Alianza Cívica refuerza su posición negociadora, al abrirse a otros escenarios de lucha. Segundo, porque se muestra a la comunidad internacional que la sociedad nicaragüense no está paralizada, y se desmantela la ficción que pretende proyectar el régimen de un retorno a la normalidad. Tercero, porque restaura la posibilidad de que la Alianza Cívica recobre parte de la credibilidad perdida y restablezca lazos con otras organizaciones opositoras. Cuarto, porque reanima el espíritu de lucha de la población.

Ampliar los frentes de lucha, mantener la iniciativa política y profundizar las debilidades del régimen: Su debilidad política. Su debilidad económica. Su debilidad social. Y su debilidad internacional. De eso se trata.

Se trata también de firmeza. Porque en las relaciones de poder, una amenaza que no se cumple es como dispararse a uno mismo. Si la Alianza Cívica anunció que se levanta de la mesa hasta la liberación de los prisioneros, debe mantenerse en sus trece y resistir las presiones, vengan de donde vengan. Un retroceso alentaría al régimen y socavaría los avances de la Alianza. Y en cuanto al paro, todos debemos respaldarlo a fondo y sin ambigüedades. Y mantener la iniciativa política multiplicando acciones tanto a nivel interno como en el exterior.

Es momento de unir voluntades, fuerzas y esfuerzos en la lucha por la libertad, la justicia y la democracia.

Más vale tarde que nunca

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