Derecho de rebelión contra la tiranía

 

El diez de diciembre se celebró, a nivel mundial,  el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Después de los horrores de la segunda guerra mundial, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó, en diciembre de 1948, este texto que es el más traducido de la historia. Se calcula que ha sido traducido a más de 500 idiomas y dialectos.

La Declaración Universal de Derechos Humanos es uno de los fundamentos de la convivencia pacífica y civilizada entre los grupos sociales, pueblos, naciones.

Se trata de un compromiso que obliga a todos los Estados. Tanto así que buena parte de los principios y mandatos que contiene se encuentran incorporados en la Constitución PolíticaPolíticas de la gran mayoría de los países del globo.

Por consiguiente, lo primero que debemos tener claro es que el pleno ejercicio de los derechos humanos no es, ni debe ser, resultado de la concesión de un gobierno, de un partido o del Estado, mucho menos de un individuo.

El régimen dictatorial de Ortega, intenta imponer como normalidad la suspensión de estos derechos, razón por la cual es señalado como un transgresor del orden internacional por las organizaciones internacionales más caracterizadas en materia de defensa y promoción de los derechos humanos: Estado de terror, Estado Policíaco, son parte de las calificaciones que comienzan a utilizarse para referirse al régimen.

Por si algo faltara y como evidencia del Estado de Sitio que, de hecho, ha impuesto Ortega, de manera arbitraria prohibió la conmemoración que cada año, desde hace ya bastante tiempo, venía haciendo el CENIDH, cada diez de diciembre.

Es oportuno entonces, con ocasión de esta conmemoración compartir algunas de las disposiciones fundamentales de la Declaración:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos dice el primer artículo.

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona, consigna otra de las disposiciones esenciales. 

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. 

Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley.

Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley. 

Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. 

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal. 

Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. 

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques. 

Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad. 

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión;

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. 

Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. 

Como cierre, el documento establece el siguiente párrafo:

Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración

El reconocimiento y el respeto a estos derechos es resultado de una prolongada y sufrida lucha a lo largo de la historia de la humanidad, en las más diversas latitudes del globo. La diferencia entre civilización y barbarie, entre una dictadura y un régimen democrático, en buena medida se desprende del grado de respeto a la persona humana y a sus derechos.

Para finalizar corresponde citar uno de los párrafos de la Declaración que legitima el derecho de rebelión, dice así: Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.

En otras palabras, si no hay régimen de Derecho y se conculcan los derechos humanos, el recurso a la rebelión contra la tiranía y la opresión, es considera como un supremo recurso por parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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