Nicaragua tomó la ruta del cambio

foto: Jorge Torres/La Prensa

Evidentemente, el régimen orteguista no había enfrentado un desafío político y social semejante al que se ha desencadenado en estos días.

Sin dejarme llevar por el entusiasmo y sin el más mínimo ánimo de exagerar, debo afirmar que en estos pocos días Nicaragua cambió de rumbo. Por supuesto, queda camino por recorrer y batallas por librar, pero ya los nicaragüenses enderezamos la ruta y hemos tomado el sendero que inevitablemente nos conducirá a sustituir al régimen de Ortega, por una nueva Nicaragua. Una Nicaragua con democracia, con derechos, con honradez, con justicia y con prosperidad compartida.

La historia enseña que los procesos de cambio no se producen de un día para otro. Se van incubando en el seno de las sociedades hasta que maduran y salen a la superficie.

Hasta hoy, el régimen creía tener todo bajo control. Un rígido dominio de las instituciones públicas, incluyendo ejército, policía y administración de justicia. Una sólida alianza con los grandes grupos empresariales. Una inmensa fortuna. Y buena parte de la población aquietada por intimidación, impotencia, manipulación o resignación.

La historia también enseña que mientras mayor es el poder, mayor es la ceguera y mayor es la arrogancia. Y así, abusaron una y otra vez de su poder económico y de su poder político.

En el plano político, excluyeron, atropellaron derechos e impusieron fraudes electorales. La población respondió, dos veces, con una abstención masiva. Leyeron mal y lo tomaron como señal de yoquepierdismo y pasividad.

En el plano económico, se acostumbraron a la opulencia y a la abundancia que les proporcionaba la apropiación de los fondos de la cooperación petrolera venezolana.

Pero la abundancia fue para ellos y sus aliados. No fueron capaces de dar respuestas en términos de empleo, educación de calidad, salario y mejoría para las pequeñas, micros y medianas empresas.

Cuando menguó el chorro de petrodólares, no se resignaron. Y resolvieron descargar su avaricia sobre las espaldas de las familias nicaragüenses

Se acabaron las láminas de zinc, las gallinitas, los chanchitos, las casas para el pueblo. También quedaron el descrédito las promesas de milagros como el canal, el satélite, la refinería y demás delirios con que engatusaron a tanta gente.

Y cambiaron dádivas por castigos.

Castigaron semana a semana con los aumentos de los precios del combustible. Y la gente aguantó.

Aumentaron la tarifa del transporte intermunicipal. Y la gente aguantó.

Castigaron a la gente con aumentos soterrados en el servicio de agua potable. Y la gente ha aguantado.

Retuercen los bolsillos de sectores medios y empresarios con las elevadas tasas de interés bancario. Y la gente ha aguantado.

Y como sal en una herida abierta, en contraste con las penurias de las familias, desataron una orgía de corrupción. Sin ir muy largo, allí está el ejemplo del INSS. Y la gente ve en municipios, ciudades y a nivel nacional como aparecían potentados de la noche a la mañana. El caso más flagrante, el de Roberto Rivas. Impunidad y corrupción.

Y no se percataron que el agua comenzaba a meterse por debajo de la línea de flotación.

Impusieron el alza de las taritas de electricidad, que las vamos a sentir dentro de poco. Y luego el garrotazo de las reformas a la seguridad social.

Y la liebre saltó de donde menos se esperaba. Pensaban que la juventud estaba adormecida o domesticada y que las universidades estaban bajo su dominio total. Y allí prendió la mecha. Una mecha muy difícil de apagar. Porque jugar con la juventud, en todo tiempo y en todo lugar, es jugar con fuego.

Las movilizaciones estudiantiles están acompañadas de otra realidad social. Resulta evidente que las bases del régimen se erosionaron. Ni están dispuestas a movilizarse, mucho menos agredir a nicaragüenses, por la sencilla razón de que no tienen ya nada que defender. Son patéticas las expresiones en las rotondas. Se quedaron únicamente con pandilleros y delincuentes.

.En estas condiciones han tenido que acudir al recurso de la represión policial, a lo bruto. Y a la censura de los medios de comunicación. Hasta el canal de televisión católico suspendieron.

Hay que decirlo. Somoza, ante la insurgencia armada, al menos guardaba la forma de emitir un decreto de suspensión de garantías constitucionales. Ortega, por sí y ante sí, amordazó canales, vapuleó a jóvenes, mujeres, ancianos y ancianos, atropelló el derecho a la manifestación pacífica y censura medios de comunicación.

Pero, igual que todo régimen dictatorial, se equivocan creyendo que van a sofocar la energía de la juventud y del pueblo con represión. La inmensa mayoría de los nicaragüenses resolvieron tomar la ruta del cambio y ganaremos el cambio. La parálisis y el miedo quedaron atrás.

Expresamos nuestra voz de ánimo a la juventud y a todos los nicaragüenses amantes de la libertad.

Expresamos nuestra solidaridad con los golpeados, heridos y mutilados, y con los familiares de los fallecidos.

Exigimos el restablecimiento de la libertad de prensa.

Exigimos el respeto a la libre movilización y el cese de la represión.

Exigimos la derogación de las infames y anticristianas reformas a la seguridad social.

Exigimos cárcel para los corruptos.

No más muertes de nicaragüenses a causa del régimen dictatorial!

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