La Managua oculta

 

La cultura forma parte del alimento espiritual de los pueblos. Un alimento al que todos tenemos derecho pero al cual, lamentablemente, no todos tenemos la misma oportunidad de acceso. En otras oportunidades hemos mencionado que en Managua se desarrollan actividades culturales de notable calidad que, en su mayor parte, no son conocidas por la población. Una Managua que pocos ven. Una Managua oculta.

Y no es que sean actividades con invitaciones selectivas o que se pague por entrar. No. Se trata de actividades de convocatoria abierta y sin costo alguno. El problema es que miles de nicaragüenses se las pierden a causa de los agobios de cada día que agotan el tiempo, el ánimo y las energías. Por esta razón compartiremos a continuación al menos algunas reseñas de las actividades que se realizaron en la presente semana.

Primero el homenaje que se rindió al joven intelectual Ulises Juárez Polanco, reconocido como una de las promesas de la literatura nicaragüense y centroamericana. Ulises era un motor permanentemente encendido: editaba libros, escribía, además de ser un promotor cultural incansable, editor de la revista digital centroamericana Carátula, director ejecutivo del evento internacional Centroamérica Cuenta, director del Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra, Editor de la revista el Hilo Azul, del Centro Nicaragüense de Escritores. En fin. Sus amigos dicen que Ulises no dormía.

Tristemente, la muerte aniquiló sus sueños, sus ímpetus, a los 33 años, cuando comenzaba a desplegar sus alas y preparaba su primera novela. Dejó varios libros de cuentos, el último lleva como título “La felicidad nos dejó cicatrices”.

En el homenaje participaron jóvenes de su generación, además de su mentor, Sergio Ramírez. Un acto lleno de emoción, de nostalgia y de recuerdos bonitos.

En otro orden, se realizó, también en el Centro Cultura Pablo Antonio Cuadra un conversatorio sobre la novela de Mario Vargas Llosa titulada La Fiesta del Chivo. Se trata de una novela histórica que narra la vida de terror que impuso el dictador dominicano, Rafael Leónidas Trujillo, las depravaciones sexuales que el poder le facilitó y la conspiración que llevó a su ajusticiamiento.

El General Trujillo fue contemporáneo y formó parte la misma estirpe de los generales Jorge Ubico en Guatemala, Tiburcio Carías en Honduras, Maximiliano Martínez en El Salvador y Somoza en Nicaragua. Igual que éstos tomó el poder por un golpe de estado en 1930 y permaneció por 31 años, hasta 1961, como presidente de República Dominicana, año en que una conspiración acabó con su vida. Trujillo preparaba su dinastía. A su muerte le sucedió su hijo Ramfis, pero mucho en el poder debido a que era más un farandulero disoluto que un político.

Los comentarios estuvieron a cargo de Mónica Zalaquett, Leonor y Edmundo Jarquín. Los asistentes recibimos lecciones de historia y presenciamos un intenso debate sobre las semejanzas entre el régimen de Trujillo, el de Somoza y la situación actual en nuestro país.

Una mención especial merece la presentación del libro “Cuestiones rubendarianas”. Una colección de escritos y ensayos del intelectual nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez.

Remarcamos la mención especial porque connotadas voces como Julio Valle Castillo, Sergio Ramírez y Carlos Tunnermann coinciden en señalar calificar el libro como un parte aguas en el conocimiento de las dimensiones de la obra dariana. Este libro se publicó en España, en 1970 y hasta ahora en Nicaragua, casi cincuenta años después. Un acto de justicia y de reivindicación histórica. Una reivindicación que también compete a su autor pues Mejía Sánchez fue un migrante, vivió en México y España y por los entendidos es reconocido como uno de los intelectuales nicaragüenses más eruditos, más sólidos y de mayor talento. Lamentablemente, en su patria es un completo desconocido. Su poema “La Carne Contigua” se considera el poema más hermoso, o uno de los más hermosos escrito por un nicaragüense.

Y a propósito de migrantes, vamos a referirnos finalmente, a la presentación del libro de Luis Enrique, conocido internacionalmente como el Príncipe de la Salsa. Destacado integrante del clan de los Mejía. Se equivocan de punta a punta quienes puedan pensar que se trató de un acto farandulero. El libro se llama Autobiografía y refleja las adversidades y las penurias de un joven que sale del país, con un hogar desintegrado, escapando a la violencia. Después de la odisea que padecieron y padecen miles de nicaragüenses ingresó ilegalmente a Estados Unidos donde permaneció indocumentado por años.

El libro perfectamente podría llamarse “Retrato de un indocumentado nicaragüense”. De ahí que esté plenamente justificado que los comentarios estuvieran a cargo de Lea Montes, directora del Servicio Jesuita a Migrantes, quien, por cierto, lo hizo con niveles de excelencia.

El acto resultó extremadamente humano y muy aleccionador. Y también cantamos, todos, muy conmovidos. Algo a destacar es el arraigo de la identidad nicaragüense en Luis Enrique. Visitó la Casa Blanca, invitado por Obama, como latinoamericano distinguido y lo que dijo fue: vengo de Somoto. Y así dice una de las estrofas de su última canción: Entre mi gente soy la voz que vive lejos, pero jamás voy a olvidar esos amaneceres bellos de Somoto, los juegos en la Calle Real, mi primera novia y mi identidad.

Bueno, ya que no pudieron asistir, como decía mi abuelita, a falta de pan, buenas son semitas…

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