¡Solidaridad con Venezuela!

Leopoldo López saluda desde su prisión

Hay dos razones que nos llevan a estar atentos al desarrollo de los acontecimientos políticos en Venezuela. Por un lado está la relación de dependencia que construyó Ortega con el gobierno de Chávez y que se prolongó después con el gobierno de Nicolás Maduro. Tanto en términos económicos como en términos políticos e internacionales, lo que ocurre, y ocurra allá, necesariamente tiene, y tendrá, repercusiones aquí.

Lo hemos mencionado en otras ocasiones y hay que repetirlo una vez más: Los cuantiosos recursos de la cooperación petrolera venezolana facilitaron las condiciones para que Ortega impusiera su régimen dictatorial. Por un lado, le permitieron acumular una cuantiosa fortuna familiar. También le permitieron comprar conciencias y repartir migajas para cultivar una clientela política, aprovechándose de las penurias de la gente. Pero sobre todo, a partir de la identidad de intereses con los potentados económicos del país, le posibilitó forjar una alianza con la cúpula empresarial. Que es su principal alianza.

En el presente comienza a ser notorio, y veremos cómo cada día será más notorio, el desgaste económico del régimen orteguista, pues ya no dispone de ese chorro de petrodólares. El aumento de los pasajes en el transporte intermunicipal es una de las señales de los tiempos que vienen.

Es de nuestro interés entonces que los venezolanos recuperen su democracia. Si ellos lo logran pronto, nuestra propia lucha será menos empinada.

Pero también hay una razón de solidaridad. Se trata de una razón moral. Estamos moralmente obligados a expresar nuestra solidaridad con el pueblo venezolano en la lucha que libra por recuperar su libertad. El respeto a los derechos humanos, a la vida, a la libertad y a la dignidad de las personas es un valor universal y una bandera que debemos enarbolar. Igual que en el pasado, mañana nosotros necesitaremos de esa misma solidaridad.

Estemos claros. En Venezuela no hay un enfrentamiento entre izquierda y derecha, o entre un proyecto político libertario y el imperio yanqui. Esas son patrañas. Las mismas patrañas que ya conocemos porque en Nicaragua, cada vez y cuando, también son utilizadas aquí.

En Venezuela lo que hay es el enfrentamiento entre grupo mafioso enquistado en el poder y un pueblo decidido a recuperar la democracia. Y no solo se trata de recuperar la democracia, se trata también de salir del pantano económico en que el régimen sumió al país. Los venezolanos padecen una pavorosa crisis económica y social, en un país con el potencial para ser uno de los más desarrollados de América Latina.

El grupo mafioso se aferra al poder a sangre y fuego. Decenas de muertos, miles de exiliados, centenares de presos políticos.

Hay varias lecciones que debemos extraer del drama que padecen los venezolanos. La primera es que cuando se enfrenta un régimen dictatorial, formado por mafiosos, los instrumentos de la democracia se desnaturalizan. Un instrumento primordial de la democracia son las elecciones. En Venezuela la oposición propinó una sonora derrota al régimen en las elecciones legislativas de diciembre del 2015. ¿Qué hizo el régimen? Aprovechando del control que ejerce en los otros poderes del estado, en particular el poder judicial, y el respaldo del ejército, anuló el poder de la Asamblea Nacional.

Otro instrumento de la convivencia democrática es el diálogo. ¿Qué hizo Maduro? Utilizó el mecanismo del diálogo para ganar tiempo, sembrar el desconcierto en la oposición y obtener un respiro ante las presiones internas y externas. Entre los engatusados se incluyó al Vaticano que fue sorprendido en su buena fe y al final cumplió un servicio a los propósitos del régimen madurista.

La lección más importante, sin embargo, es que estos grupos mafiosos carecen de escrúpulos al momento de reprimir. Prácticamente diario hay un muerto a causa de la represión. Si no son las fuerzas policiales, son delincuentes motorizados que, igual que aquí, son utilizados para mortificar a la gente. Esta lección ya la sabemos. Pero es importante recordarla: los grupos mafiosos no tienen escrúpulos para martirizar a la gente a la hora de aferrarse al poder.

Unas palabras debemos dedicar a Leopoldo López, el líder opositor que lleva más de tres años prisionero, con una condena de 14 años. Un preso político. Un preso de conciencia. Preso por oponerse al régimen.

Lleva casi un mes incomunicado y en las últimas horas se ha generalizado la preocupación por su estado de salud. Esperemos que su familia pueda comprobar que está con vida y salud.

Nuestra solidaridad con los prisioneros y perseguidos políticos, con los exiliados y con los que cada día salen de su casa, a luchar, sin saber si regresarán con vida.
Nuestro repudio al régimen mafioso de Nicolás Maduro.
Nuestra solidaridad con la lucha del pueblo venezolano.

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