La era del conocimiento

 

Mucho se habla de la sociedad de la información para caracterizar la época en que vivimos. También se utiliza la expresión era del conocimiento. Y es verdad, en parte. Porque buena parte de esa información es basura y porque buena parte de la gente no tiene acceso a esa información y, en consecuencia, es como si no existiera.

También se repite la frase “la información es poder”. Y en efecto, en términos económicos la información es la que permite implantar e innovar procesos productivos, mejorar la productividad y la competitividad de empresas y sociedades.

Para que tengamos una idea, en una reciente entrevista ofrecida por Martin Hilbert, asesor tecnológico de la biblioteca del congreso norteamericano, mencionó que la información existente era de tal magnitud que si llenáramos de libros la distancia entre la tierra y el sol tendríamos que hacer diez mil pilas de libros que cubrieran esa ruta.

Pues bien, ponerse a tono con la edad del conocimiento tiene como punto de partida saber leer. Después viene el aprendizaje de los otros lenguajes informáticos. Pero primero, saber leer y escribir. Y saber leer y escribir comienza con el libro. Y aquí viene el problema para países como el nuestro. Volvemos por esta ruta a la ruta de la educación. Del acceso a la educación y de la educación de buena o de mala calidad.

Pero hablemos del libro. El libro es fuente de conocimiento, cualquiera que sea su forma, en papiro, como en la antigüedad; manuscrito, con en la edad media y aún en siglos recientes; impreso, como circula hoy; o en computadoras, CDs, “memorys” o tablets. Y también es fuente de libertad y fuente de esparcimiento y enriquecimiento espiritual.

De conocimiento porque, ya lo sabemos, es el principal medio de transmisión de información, ideas y saberes. Se habla incluso de que estamos en la era del conocimiento. Sin conocimiento no hay progreso. Desde cómo cultivar cebollas o mejorar los rendimientos del maíz, hasta cómo reparar computadoras, vencer el insomnio o vender pantalones.

Es fuente de libertad porque nos permite abrir nuestra mente a nuevas ideas, expresar las nuestras, establecer contrastes, conocer otras culturas, historias propias y ajenas, y formar nuestra propia conciencia y nuestro quehacer respecto del mundo que nos envuelve.

Y también es fuente de esparcimiento y cultivo del espíritu con la poesía, la literatura, el teatro.
Pero el libro es un objeto sin vida para quien no sabe leer y un tormento para quien sólo aprendió a cancanear. De ahí que erradicar el analfabetismo es el paso indispensable para abrir mentes al mundo.

Por supuesto, no basta saber leer y escribir. El acceso a la educación primaria, técnica, secundaria y superior son derechos de cada persona, que posibilitan alcanzar condiciones de vida dignas, construir conciencia ciudadana y abrir ventanas al sano esparcimiento.
Y el libro, sin libertad, es un pájaro preso, que no vuela y su canto, es canto mutilado.

La mayor parte de las veces las comparaciones son odiosas, así que no pretendo comparar, solo contar a quienes tienen menor edad que yo. Cuando cursé mis estudios de primaria, recuerdo muy bien que todas las mañanas, la primera hora estaba dedicada a lectura. En el llamado libro de lectura. Lecturas diversas: historia, personajes, ciencia, geografía, literatura. Recuerdo en especial el libro que utilizábamos en quinto grado, Cultura y Espíritu. Extraño ese libro. También teníamos un cuaderno de caligrafía, para mejorar la letra. Dos veces por semana, dictado, para la ortografía. Todos los días clase de gramática. Un dolor de cabeza: las partes de la oración y las conjugaciones de los verbos. También teníamos, una vez a la semana, una clase que se llamaba composición, Había que escribir al menos una página sobre el tema que la maestra indicara. Lectura, gramática, composición, caligrafía, ortografía.

Estamos hablando de una escuela pública en un pequeño municipio lejano a la capital: La  Escuela de Varones General José Santos Zelaya, en Corinto.

Quienes tuvieron el privilegio de recibir esa educación, seguramente fueron privilegiados después. Porque el conocimiento del idioma es instrumento imprescindible para acceder al conocimiento.

¿Y a qué viene todo este escrito sobre el libro? A que hoy 23 de abril, a nivel mundial se celebra el día del libro, en homenaje a la fecha del fallecimiento de dos grandes escritores de la humanidad: William Shakespeare, Miguel de Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega.
Celebremos pues el libro, pero exigiendo educación. Educación de calidad. Celebremos el libro, pero exigiendo libertad.

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