Errores y horrores

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El acceso creciente de personas de distintas edades, nivel cultural y orientaciones políticas a las denominadas redes sociales, ha provocado que salgan a luz diversos rasgos sociales y culturales predominantes en nuestro país. De hecho, son tan reveladores que deberían ser objeto de estudios serios por parte de investigadores sociales.

Aunque para algunos pueda resultar intrascendente, abordaremos uno de los rasgos más resaltantes. Nos referimos a la horrorosa ortografía que menudea en mensajes y escritos que circulan en las redes de internet. A veces es tema de burla, pero en verdad se trata de un asunto extremadamente serio. Es evidencia, en primer lugar, la calidad de la educación nacional y el nivel de escolaridad de nuestra población.

No es necesario ser experto para saber que si alguien tiene una ortografía horrorosa, simplemente no sabe escribir, y si no sabe escribir, tampoco sabe leer, y si no sabe leer ni escribir, independientemente de cuántos grados haya cursado en la educación formal, difícilmente tendrá capacidad de asimilar conocimientos de cierta complejidad. Lo peor es que aún personas que se presentan como graduados universitarios exhiben, en su forma de escribir, las fallas estructurales de nuestro sistema educativo.

Aclaremos. No se trata solo de problemas o incapacidades individuales. Se trata, ante todo, de un problema social y también económico. Porque, en definitiva, la mala ortografía es mucho más que poner b de burro, donde debe escribirse v de vaca. Las deficiencias en ortografía son, aunque no lo parezca, evidencias del atraso del país y de nuestras limitadas posibilidades para transitar hacia el desarrollo. También es evidencia de las desigualdades sociales ya que es consecuencia de las dificultades de acceso a la educación de buena parte de nuestra población y de la pobre de calidad de la misma. Y estas afectaciones se encuentran en la raíz de las desigualdades.

No quisiera presumir de nada. Cursé mi educación primaria en una escuela pública, para mayor precisión, en la escuela general José santos Zelaya, en Corinto.

¿Qué educación recibíamos? Para comenzar, todos los días, la primera clase era lectura. Con un libro que se llamaba así, libro de lectura, cada alumno iba leyendo, de pie y en voz alta, el texto que señalaba la maestra quien iba corrigiendo los cancaneos y las pronunciaciones. Los demás alumnos debíamos seguir el hilo de la lectura porque en el momento más inesperado nos señalaba el dedo de la maestra para que continuáramos la lectura. Seguidamente debíamos buscar en el diccionario las palabras desconocidas. A lo largo de la semana recibíamos también clase de dictado. Cada palabra mal escrita debía repetirse diez veces, en el cuaderno de dictado. Además, se tenía un cuaderno de caligrafía para mejorar la letra. Y clase de composición, para elaborar trabajos individuales sobre distintos temas: el árbol, el agua, la madre, el mar, el trabajo. El núcleo, por supuesto, era la clase de gramática. Los sustantivos, los adjetivos, las conjugaciones verbales…

Estoy hablando de escuelas públicas. Las personas de mi edad no me dejarán mentir.

Lectura, ortografía, caligrafía, composición y gramática. No estoy en condiciones de afirmar si esos contenidos eran técnicamente superiores a los actuales. Pero si nos atenemos a los resultados, las diferencias resultan notables.

En conclusión, ayudar a mejorar la ortografía es ayudar a mejorar la capacidad de leer y escribir de nuestra población. Es contribuir a la superación personal y del conjunto de nuestra sociedad. En este contexto quisiera destacar un valiosísimo aporte del expresidente Enrique Bolaños. El ingeniero Bolaños elaboró y publicó en su página web lo que él mismo tituló como “Manual de Ortografía Nica”.

Y a cuenta de qué un ingeniero habla de ortografía. Me relató el expresidente que desde hace décadas comenzó, con el apoyo de su asistente, a anotar dudas del idioma, reglas, significados de palabras y otros temas útiles para mejorar la redacción de sus cartas, escritos y discursos. Esta tarea la continuó a lo largo de los años hasta concluir en el Manual referido. Pero no crean ustedes que se trata de un trabajo superficial. Fue revisado por distinguidos miembros de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Cualquier persona puede beneficiarse del uso de ese manual, docentes, estudiantes, profesionales.

En el Manual usted puede encontrar temas tales como el uso de los acentos, que tantos dolores de cabeza ocasionan, reglas sobre los signos de puntuación, la correcta utilización de algunas letras que a veces confunden, conjugaciones verbales, frases latinas y un listado de útiles consejos.

No se trata de un tratado de gramática. Su principal característica es su sencillez. Es práctico y útil, adaptado a los usos del habla nicaragüense.

Por si alguien se está preguntando cuánto me está pagando el expresidente Bolaños por promover la compra de su Manual, aclaro que nada, porque el Manual es completamente gratis. Solamente acceden al sitio web de la Biblioteca Enrique Bolaños, buscan Manual de Ortografía Nica y ya. Ya lo tienen. Sin ningún costo. Indudablemente se trata de un aporte para la posteridad de parte del expresidente.

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