Impacto de las remesas familiares en Nicaragua

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En el calendario de Naciones Unidas el  18 de diciembre se celebra el “Día Internacional de los migrantes”. Más de un millón de nicaragüenses residen en el exterior. Y por allí debemos empezar, por dejar de utilizar la palabra migrantes nicaragüenses y referirnos a los “nicaragüenses residentes en el exterior”.

Es elemental que expresemos nuestro reconocimiento a estos compatriotas que han buscado más allá de nuestras fronteras las oportunidades que nuestro país no les ofrece. Ellos y ellas, desde donde están, cumplen un papel decisivo aunque no siempre es justamente valorado.

No exagero ni es con el propósito de congraciarme, pero en verdad, hasta esa deuda tenemos que nuestros compatriotas. Celebrar su día. No hablemos del gobierno pues resulta obvio que no le importa. Pero debería ser una iniciativa social y hay organizaciones sociales que podrían aprovechar ese día para reconocer y poner de relieve la contribución de estos nicaragüenses a la paz social, al alivio de la pobreza y a la estabilidad y al crecimiento económico del país.

Con los niveles de desempleo y subempleo que abaten a la mayoría de los nicaragüenses y con los bajos salarios, muchas familias no podrían enviar a los muchachos a las escuelas, ni tener una vivienda o atender sus problemas de salud, o satisfacer sus necesidades elementales, comenzando por la comida, sin la contribución del trabajo de sus parientes en el exterior. Pero no solo las familias se benefician de ese sudor y de ese sacrificio. El país entero es el que se sostiene con su contribución.

Anotemos solamente algunos datos:

Tal como van los registros, al concluir el 2016 el monto de las remesas enviadas al país por canales formales se acercará a los 1300 millones de dólares. Ese ingreso de divisas es decisivo para mantener la estabilidad macroeconómica que tanto pregonan los voceros gubernamentales: la estabilidad de la tasa de cambio, el control de la inflación y del déficit fiscal no podrían sostenerse sin los flujos de remesas.

Para que tengan una idea más aproximada les presento las siguientes comparaciones: las remesas representan la mitad de la totalidad de las exportaciones de productos al exterior; es equivalente a casi el 70% del total de impuestos que se pagan en el país. Además supera el total de las inversiones extranjeras que ingresan a Nicaragua. Y aquí en los medios oficiales y en las altas esferas del sector privado tanto que se habla de las inversiones extranjeras, pero nunca se destaca el formidable papel de esta forma de inversión económica y social.

Haremos otra comparación. Con esto de la Nica-Act se ha afirmado que su aprobación y aplicación tendría efectos catastróficos en la economía nacional pues afectaría los créditos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. Esos créditos suman anualmente más o menos 250 millones de dólares.

¿Y saben ustedes a cuánto ascienden las remesas que provienen solo de Costa Rica? En el 2015 fueron 260 millones de dólares. Desde este punto de vista son más relevantes las remesas que provienen de Costa Rica que los créditos del BID y del Banco Mundial, juntos, con el agravante de que estos últimos hay que pagarlos porque son créditos.

En realidad, el monto de las remesas provenientes de Costa Rica es todavía más, pues además de los canales formales, las remesas transitan en los bolsillos de los migrantes temporales y sus familiares. Y también se expresan en esa corriente incesante de encomiendas de todo tipo de artículos.

Pero hay algo que jamás mencionan los voceros gubernamentales ni sus comensales: la contribución de las remesas en el alivio de la pobreza. Según el Banco Mundial, la reducción de la pobreza se debe principalmente al impacto de las remesas familiares y no a los programas gubernamentales. Son los pobres, con su trabajo en el exterior, los que evitan que los niveles de pobreza se eleven. No son ni los programas ni las políticas gubernamentales. Según estudios de FIDEG, sin remesas la pobreza en Nicaragua sería seis puntos porcentuales mayor de lo que actualmente es.

Un último pero no menos importante aspecto a destacar es la dimensión cultural, que no siempre es visible. Basta recordar que Rubén Darío y Salomón de la Selva fueron migrantes. Tampoco podemos olvidar que Augusto Sandino también fue un trabajador migrante. Los tres hicieron contribuciones decisivas al afianzamiento de la nacionalidad nicaragüense.

Reconozcamos pues y valoremos el papel que cumplen en beneficio del país los nicaragüenses residentes en el exterior, varones y mujeres.

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