Ortega, “El Guardián” y nosotros

espionaje cibernético

Desde hace ya cierto tiempo se ha desarrollado en Uruguay una polémica a causa de la puesta en operación de un sistema de vigilancia electrónica de los ciudadanos. El debate se desató porque el gobierno adquirió de manera secreta, en Brasil, una plataforma informática destinada a realizar escuchas telefónicas, tanto a celulares como a teléfonos ordinarios.

Si bien la operación, a cargo del Ministerio del Interior, estaba cobijada bajo un manto de confidencialidad se filtró a los medios de comunicación.
El sistema, además de escuchas telefónicas, permite también interceptar correos electrónicos y comunicaciones en redes. Una vez que se conoció la noticia, las organizaciones de oposición, de derechos humanos y de la sociedad civil emprendieron distintas iniciativas legales y parlamentarias, cuestionando tanto la manera clandestina en que se realizó la compra, como las garantías de los derechos y libertades de la ciudadanía frente al uso del sistema de vigilancia.

Uruguay es reconocido como uno de los países de América Latina de más sólida institucionalidad democrática, de ahí la extrañeza que produce un hecho como el descrito. La solución de compromiso fue el establecimiento de una regulación sobre el uso del sistema mediante un acuerdo entre el Ejecutivo y el Poder Judicial: Las intercepciones solo podrían realizarse por orden judicial. Sin embargo, la polémica se avivó en semanas recientes porque aparentemente el sistema fue utilizado para la captura de un narcotraficante mexicano, sin cumplir el protocolo judicial.

Ustedes dirán…

¿Y qué tiene que ver esa historia, que acontece en Uruguay, con lo que pasa en Nicaragua?

Primero les daré a conocer algunas propiedades del sistema de espionaje.

Se llama Guardián WEB y es producido por la empresa brasileña Dígitro, especializada en inteligencia y comunicaciones. El sistema realiza monitoreo de voces y datos, y ofrece tecnologías avanzadas de análisis de audio e identificación de hablantes. Lo que se ve en las películas. Que las máquinas captan e identifican las voces, independientemente del teléfono del que hablen. Permite además que 30 operadores vigilen en tiempo real y al mismo tiempo, el tráfico que generan las llamadas de 800 celulares y 200 teléfonos fijos. También puede interceptar correos electrónicos y monitorear redes sociales. El programa de mensajería instantánea conocido como Whatsapp tampoco escapa al control de “El Guardián”. No hay comunicación que pueda escaparse.

La plataforma informática puede archivar todas las llamadas y datos que son interceptados, al tiempo que los organiza, realiza cruzamientos y facilita la elaboración de informes de inteligencia. El sistema intercepta, graba, archiva, sistematiza y, finalmente, proporciona informes automatizados de inteligencia a partir de determinadas instrucciones. Es decir, puede presentar informes de manera periódica sobre las comunicaciones de personas o grupos de personas.

En la página web de la empresa que ofrece el sistema se indica lo siguiente: “El sistema posee herramientas avanzadas para un análisis de vínculos textuales, georreferenciados, estructurados y gráficos, permitiendo un análisis integrado de información al posibilitar el tratamiento de las intercepciones en un ambiente que integra grabaciones telefónicas, de radio y datos traficados en internet. Además de esto el programa pone a disposición módulos específicos para la creación de un banco de voces e identificación de hablantes para el análisis de audio utilizando tecnología keyword spotting”.

¿Qué les parece? Estos sistemas existen pues no solamente en las películas.

El costo de esta plataforma de vigilancia es aproximadamente de dos millones de dólares y tiene un mantenimiento técnico de 200 mil dólares anuales. Es decir, está al alcance del presupuesto de cualquier gobierno.

Si este sistema se generó en Brasil, es obvio que en países más desarrollados existen sistemas mucho más sofisticados.

Ahora vienen algunas preguntas ingenuas:

Si eso ocurre en Uruguay ¿Qué podemos esperar, en Nicaragua, con un gobierno dictatorial infectado de un afán delirante por controlarlo todo?

Un régimen que cada vez se parece más al país imaginario llamado Oceanía, lugar donde se desarrolla la famosa novela 1984, escrita por George Orwell. Allí el Gran Hermano todo lo controlaba. Todo lo manipulaba. Todo lo vigilaba. Hasta el lenguaje se de esa novela se parece. El Ministerio del Amor se ocupaba de la represión, castigos y tortura. El Ministerio de La Paz, a cargo de mantener a Oceanía en guerra permanente con otros países. El Ministerio de la Abundancia, encargado de que la gente viva al borde del hambre. Y el Ministerio de la Verdad, dedicado a falsificar la historia y la realidad.

En estas condiciones, si consideramos que el costo es relativamente barato, que el proveedor es una empresa privada y las buenas relaciones que durante muchos años existieron con los gobernantes de Brasil, la siguiente pregunta es ¿dispone ya el gobierno de Ortega de un sistema de vigilancia como el descrito?

Si así fuera ¿Qué defensa tenemos los nicaragüenses para tutelar nuestros derechos constitucionales a la libertad, a la privacidad y a conocer la información que las autoridades disponen sobre nosotros?

Son preguntas resultado de la curiosidad. Pero sería bueno que tomen nota los cibernautas y los usuarios de celulares, correos electrónicos y redes sociales. Nada escapa al control del Gran Hermano.

Les dejo la información y las preguntas para que cada quien saque sus propias conclusiones.

En lo que a mi concierne, ya tengo las mías.

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6 comentarios en “Ortega, “El Guardián” y nosotros

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