¨Homenaje¨ al maestro y a la sangre derramada

En estos días los medios de comunicación reportaron conflictos estudiantiles en algunas universidades del país a causa de procesos electorales internos. Los conflictos se proyectaron fuera de los muros universitarios dado que se produjeron tranques en calles y carreteras, morterazos y hasta la quema de un vehículo propiedad de una de las universidades. También se conoció que el prestigiado jurista, Gabriel Álvarez, fue despojado de su cátedra en la Facultad de Derecho de la UNAN, León, en una expresión más de la intolerancia cavernaria que prevalece en algunos centros de educación superior.

Es bien conocido que las universidades públicas se financian con presupuesto del estado, es decir, con los impuestos que salen de los bolsillos de los nicaragüenses. Por disposición constitucional a las universidades se asigna el 6% del total de los ingresos del estado. Es bueno saber cuánto representa ese porcentaje en córdobas contantes y sonantes: para el 2015 son 3.362 millones de córdobas (tres mil trescientos sesenta y dos millones de córdobas), esto es, un poco más de 125 millones de dólares. Adicionalmente el estado cubre otros gastos como agua y electricidad.

Es bastante dinero. Y son muchas las responsabilidades que tienen las universidades -autoridades, profesores y estudiantes- frente al presente y el futuro del país. Es una realidad archisabida que en el mundo de hoy es el conocimiento la única ruta hacia el desarrollo. Y a las universidades compete en primer término afrontar el desafío de formar a nuestros técnicos y profesionales.

En un país pobre, con recursos escasos como en Nicaragua, es pertinente interrogarse sobre la eficacia y rentabilidad social y económica de la inversión de los fondos público. Por ejemplo, si es más útil financiar un amplio programa de riego que genere empleo e ingresos; si para mejorar los salarios de los maestros y la calidad de las escuelas de la educación básica; o para reformar las finanzas de la seguridad social;…o para financiar los centros adscritos al Consejo Nacional de Universidades.

Examinemos pues cuál es el rendimiento de los recursos que se asignan a las universidades.

En el año 2011, el presidente del Consejo Nacional de Universidades presentó un documento denominado ¨Rendiciòn Social de Cuentas”, bastante voluminoso y con información interesante. Extraeré de ese informe algunos datos relevantes:

El índice de eficiencia académica es un indicador que mide la relación entre el número de alumnos que ingresan y el número de estudiantes que se gradúan. Según el informe, en el 2007 el porcentaje de graduados fue 57%. En 2008 el porcentaje bajó a 54%. Igual tendencia siguió en el 2009 pues la proporción de graduados se redujo al 46%, bajando nuevamente en 2010 a 45%. En el 2011 fue 42.6%. El último reporte del CNU indicaba que en el 2012 el porcentaje se redujo todavía más, al 41%. Es decir, una reducción sostenida en los 6 años reportados que acumula ¡un 17% de deterioro! En otras palabras, el rendimiento de la inversión en las universidades públicas en términos de graduados está empeorando de manera grave y progresiva.

El índice de rendimiento, para el CNU, “es un indicador relevante de la calidad del trabajo institucional”. Mide la proporción de estudiantes que aprueba el año académico regular sin “dejar” ninguna clase. Pues bien, en 2011 solamente 6 de cada diez estudiantes aprobaron “limpios”. Tan trascendente es el dato que el mismo informe consigna que ¨debería ser objeto de investigación académica futura¨.

El informe no revela cuál fue el comportamiento en años anteriores, pero muestra algunas pistas interesantes: la universidad peor situada es la Universidad Nacional Agraria, UNA, en la cual ese año solamente aprobaron “limpios” el 45% de los estudiantes. Menos de la mitad.

Este rendimiento es especialmente preocupante ya que el sector agropecuario es estratégico para el desarrollo del país, y la Universidad Agraria tiene la principal responsabilidad en la formación de los especialistas que deberían contribuir a la modernización tecnológica del sector. Además, es la universidad que tiene más profesores por alumno y la que menos maestrías ofrece. Sin embargo, el rector de esa universidad tiene tiempo para desempeñarse como presidente del CNU; multiaasesor presidencial; entusiasta “observador electoral”; y además flamante vocero del divino canal interoceánico. La sensatez indicaría que tal vez haría una mejor contribución a la nación dedicándose a atender su universidad.

Recursos asignados. El CNU reporta haber recibido del estado el equivalente a 70 millones de dólares en el 2006 y 98 millones de dólares en el 2011. Como ya anotamos, el presupuesto del 2015 asciende a 125 millones de dólares. Un crecimiento del 80% en este período. En paralelo, el número de estudiantes de grado creció en una proporción inferior. En conclusión, el bajo rendimiento no es atribuible a una menor asignación de recursos. Sucede lo contrario, la asignación por estudiante más bien se ha incrementado.

Evidentemente las cifras anteriores dejan muy mal parada la gestión universitaria. Pero las autoridades del CNU adoptaron una decisión bastante singular para enfrentar estos deterioros. Para comenzar, el índice de rendimiento académico lo borraron del mapa: ya no apareció en el informe del 2012, aunque sí dejaron el índice de eficiencia académica. Pero en el informe del 2013 acabaron con toda evidencia. Sin más ni más hicieron desaparecer toda referencia a ese indicador de rendimiento. Así, de dos plumazos eliminaron del escrutinio público las muestras de su pobre desempeño.

Ya para el 2014 acabaron con el informe ¨rendición social de cuentas¨, suplantándolo por un discurso del flamante presidente del CNU. Ahora el reporte de la educación es un simple cuento chino, como los cuentos del canal. Uno tendría que pedir, o más bien demandar, a las autoridades de la Universidad Centroamericana, UCA, y del UPOLI, que si el CNU no rinde cuentas, estas instituciones si deberían dar cuenta completa de su desempeño, en mérito a la seriedad que se les reconoce. Sin embargo falta más: el informe-discurso-cuentochino del 2014 dice en su introducción lo siguiente: Este informe lo presentamos como un homenaje Al padre de la Autonomía Universitaria, Mariano Fiallos Gil y a quienes derramaron su sangre por la Autonomía Universitaria.

¿Alguien puede mostrar un ejemplo que supere a los personajes responsables de este informe en capacidad para el escarnio y para el cinismo?

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2 comentarios en “¨Homenaje¨ al maestro y a la sangre derramada

  1. La misma ignorancia y falta de una educacion academica es que los impulsa a cometer “blasfemias” en contra del “Alma Mater”, sus apostoles y el mismo pueblo hambriento de sapienza. Criminal es el que vierte palabras con informes y nombres sobre el Ilustre Decano Fiallos y autenticos Heroes caidos. Tristemente estamos subyugados a imbeciles y foragidos.

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