luz y sombra obando

En una casa insospechada de una calle también insospechada del barrio Monseñor Lezcano quedaba el tal vez más pintoresco centro nocturno de la Managua pos-terremoto. A pesar de la sencillez de sus atuendos y de que no alcanzó gran notoriedad reunió un show musical todavía irrepetido. Funcionó a fines de los noventa.

Amenizaban dos conjuntos con unos vocalistas de primera. Fue allí donde se produjo el resurgimiento del maestro Adolfo Obando. También eran intérpretes Omar Traña y otros dos jóvenes, un hombre y una muchacha. No retengo el nombre de ninguno, pero sí recuerdo que la hembra se lanzaba unos merengues a lo Olga Tañón. Fue la primera vez que escuché “Yo soy la bomba” ¿la recuerdan? Es de Ashley, Yo soy la bomba de las mujeres…el que me quiera, que me respete…Francamente, de primera.

El sitio era propiedad, entiendo, de un nieto del compositor nacional Erwin Kruger, compositor de joyas nacionales como Barrio de Pescadores y Madrugada. El nieto heredó la vocación del abuelo y estaba a cargo del número cumbre. Tocaba guitarra, cantaba y cerraba con marimba. Es la única vez que he visto en un centro nocturno que la gente se levante a bailar música folclórica.

Así uno pasaba de escuchar Puerto Vacío, con Omar Traña, al mejor estilo de los Angeles Negros, a mover el taburete con Yo soy la bomba, para aterrizar con Luces de Nueva York con el maestro Obando y concluir con el Viejo y la Vieja, con la marimba de Kruger. Por supuesto, ya pasadas la medianoche y con unos cuantos calorcitos entre pecho y espalda las parejas bailaban “Los dos bolillos” como merengue y “El viejo y la vieja” abrazaditos, como bolero. Irrepetible. Sencillamente irrepetible.

Lástima que eran muchos tigres para una misma colina. Y pasó lo que tenía que pasar, cada tigre buscó su propia colina y el lugar se vino al piso. Lástima. Y lástima que tanto talento musical ande suelto sin encontrar un espacio donde proyectar su arte. Un centro como lo fue Luz y Sombra.