ernesto cardenal

Anoche, en ocasión de la conmemoración del día de la unificación de Alemania, tuve el privilegio de sostener una animada conversación con el padre Ernesto Cardenal. Uno de nuestros emblemas internacionales y, sin duda, de los más altos valores de la cultura nacional. El poeta estaba sentado, solito, aislado de los círculos de conversadores, con esa aureola que le sigue y que pareciera situarlo en un mundo ajeno al nuestro. No la pensé dos veces y me acerqué.

Buenas noches, padre, cómo está, le pregunté. Él respondió: bien. Sin amilanarme, seguí a la carga: Usted ha tenido mucho éxito en Alemania ¿ha viajado últimamente por aquellos lados? Él replicó: hace un año.
-¿Y está viajando mucho?
No. Ya estoy viejo.

Con la intensidad del diálogo gané confianza y profundicé: ¿y está trabajando en alguna obra que podamos ver próximamente. Sí, me dijo. Inmediatamente continué, ¿y es de poesía, narrativa o ensayo? Poesía, respondió.

Hondamente satisfecho con mi privilegio, resolví no seguir fatigando al padre y le expresé: buenas noches padre, que esté bien. Él no me oyó, o no me respondió, o no escuché su respuesta…parece que no me escuchó el padre, me dije. Y ahí mismo me consolé:…Seguramente porque hay mucho ruido