Isadora Duncan y el mar

En un curso que sobre Rubén Darío impartió hace algún tiempo Jorge Eduardo Arellano en el Instituto de Historia, quienes tuvimos la oportunidad de asistir gozamos de lo que en realidad constituye un verdadero privilegio: Adentrarnos en las distintas dimensiones creadoras de nuestra máxima gloria nacional. Así, atisbamos ventanas sobre el Darío periodista, el Darío pensador de alturas y profundidades, el Darío prosista, el Darío en sus angustias y penurias. Nos beneficiamos de distintos expositores. Uno de ellos y es a quien quisiera referirme en este escrito es al Doctor Noel Rivas Bravo, catedrático de la Universidad de Sevilla, nicaragüense, quien nos ofreció una conferencia sobre el tema “Darío y Nietzsche”. En la misma sesión estuvo presente la principal impulsora de la segunda edición de “La dramática vida de Rubén Darío”, Mirna Torres Rivas, hija del maestro Edelberto Torres Espinoza, nicaragüense señero.

Ensimismados en la notable presentación de Rivas, pasamos de la filosofía a la interpretación del arte, del arte apolíneo, al arte dionisíaco, y así, Imperceptiblemente transitamos a una embelesadora y antigua filmación de Isadora Duncan, “la musa de la danza libre”. Interpreta en la filmación una danza que es un poema (Momento musical, de Schubert). Darío asistió a una presentación de Isadora y tan impresionado quedó que le dedicó un poema poco conocido. Un poema de bello erotismo: “La bailarina de los pies desnudos”:

Iba en un paso rítmico y felino,
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino,
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos….
Constelada de casos y de cosas…
La bailarina de los pies desnudos

Bajaban mil delites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

Comparto con ustedes en este mismo escrito el video, la danzarina y la danza.