EL ESTADO DE PRIVILEGIO

pedro joaquín

En “Lecturas de fin de semana” de hoy les presento dos cortos artículos de Pedro Joaquín. Una realidad en nuestro país es que damos un paso hacia adelante y dos hacia atrás. Les desafío a qué debatamos cuál es la diferencia entre la realidad descrita en el primer artículo, hace más de cincuenta años, y la realidad de hoy. Lo increíble es que Pedro Joaquín se atreviera a señalar a los príncipes de la oligarquía. Hoy casi nadie lo hace.

EL ESTADO DE PRIVILEGIO

Cuando el jefe del Estado, o la camarilla que gobierna, tienen acceso a la riqueza Nacional y logran controlarla, viene a crearse un estado de negocios privilegiado que forma por gravedad, un anillo de monopolio y explotación.
Ese ha sido el caso de Nicaragua en gran parte. Ese ha sido el caso de nuestro país en donde un supercapital acaparados ha venido a impedir la creación de una industria extensa, excepción hecha de cuando esta última, es aliada natural de los privilegiados.
¿Por qué el nicaragüense ha pagado subsidio al productor de cemento….? ¿Por qué el nicaragüense ha pagado subsidio al productor de azúcar….? Y decimos que son subsidios, porque ni el cemento ni el azúcar valen realmente lo que paga el nicaragüense por ellos, sino que valen menos, y preguntamos por eso, ¿Por qué nuestro pueblo tuvo que pagar esos subsidios…..?
Porque el cemento y el azúcar, como muchos tantos productos, son parte de ese capital privilegiado que nació congelando la riqueza Nacional en manos de quienes gobernaban, o de sus aliados naturales.
Y esta congelación de la riqueza obedece a un sistema. Es el sistema creado en Nicaragua por el Gral. Somoza García y heredado por sus seguidores, el sistema que a través de la “receta de gobierno” que nos aplicaron estos últimos, ha sobrevivido a su fundador, el sistema del negocio a toda costa, de la construcción de casas con mezcladores del Estado, de la creación de fábricas con créditos de la Nación (como en el caso del cemento), de la industrialización sólo para beneficio del capital que la hace. Es el sistema “Puerto Somoza” que equivale a la apertura de un puerto personal en un lugar donde no puede hacerse un puerto, en vez de reparar convenientemente los puertos del Estado, para que sean del pueblo y no del supercapital privado.

EL QUE PIERDE
El que pierde cuando en un país los grupos políticos abandonan los enfoques sociales, para sólo hacer enfoques electoreros, es el pueblo.
Gane quien gane una elección, si a través de ésta no se ha discutido un programa concreto, el que pierde con esa gravísima omisión, es el pueblo.
¿Por que decimos esto….?
Lo decimos porque el beneficio del pueblo es que gobierne quien tenga el programa más articulado, un partido o una persona que van a saber qué hacer con el Gobierno y desde el Gobierno; un partido o una persona que expongan ideas concretas y las hagan discutir entre todos. Ideas y programas relativos a la producción, a los salarios, a la asistencia social, en fin, a la buena distribución de la riqueza.
Desgraciadamente en nuestro país hay muchos políticos que se olvidan de esto, porque sólo tienen presente delante de sus ojos la imagen de una banda presidencial, y dicen -quizá de buena fe- “¡una vez que me pongan esa banda ya van a ver lo que hago!”.
Pero esta es vana ilusión, porque los gobiernos no se pueden improvisar, y si acaso se improvisan, resultan malos experimentos de los cuales se desilusiona profundamente el pueblo, porque no le hacen ningún beneficio.
En muchos sectores de Nicaragua parece que el afán principal respecto de la política es “subir”, no importa cómo ni para qué; simplemente “subir”, y por eso es precisamente que nunca suben quienes piensan de ese modo.
Porque antes de pensar en “subir” es necesario armarse de ideas, de programas, de planteamientos sociales y económicos, y permitir que los grupos políticos debatan libremente estos, en vez de dedicarse a lanzar vivas y a debatir la vida de los adversarios.
Si no hay planificación, es el pueblo quien pierde.
Si no hay programas, es el pueblo quien pierde.
Si no hay libre discusión de objetivos, es el pueblo quien pierde.
Y óigase bien, pierde, aunque en su bondad infantil crea que está ganando, porque lo juntan para hacer bulla, para hacer alharacas y le tocan un buen son de toros en un teatro.
Por estas razones decimos, que no es un mitin lo que puede hacer la felicidad del pueblo, sino un buen salario, un trabajo asegurado, y un régimen social que le permita progresar con paz y dignidad.

(Tomados del libro “5 P.M.”).

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