Octavio Paz: centenario de su nacimiento

octavio pazEl 31 de marzo se conmemora el centenario del natalicio de Octavio Paz, premio nobel de literatura, iberoamericano nacido en México, una de las mentes más luminosas que habló en nuestro idioma, a nuestros oídos. Evocar a Octavio Paz son Palabras Mayores, con mayúscula, y deben utilizarse palabras mayores. Como yo no las tengo, prefiero que sea él quien hable, así que me tomo la libertad de transcribirles cuatro párrafos de su pensamiento:

 Sobre la revolución nicaragüense

El derrocamiento de Somoza, saludado con alegría por los demócratas y por los socialistas demócratas de la América Latina, fue el resultado de un movimiento en el que participó todo el pueblo de Nicaragua. Como siempre ocurre, un grupo de dirigentes que se había distinguido en la lucha se puso a la cabeza del régimen revolucionario. Algunas de las medidas del nuevo gobierno, destinadas a establecer un orden social más justo en un país saqueado desde hace más de un siglo por nacionales y extranjeros, fueron recibidas con aplauso. En cambio causó decepción que habían pospuesto las elecciones…un pueblo sin elecciones libres es un pueblo sin voz, sin ojos y sin brazos…En el curso de estos años la regimentación de la sociedad, los ataques al único periódico libre, el control cada vez más estricto de la opinión pública, la militarización, el espionaje generalizado con el pretexto de medidas de seguridad, el lenguaje y los actos cada vez más autoritarios de los jefes han sido signos que recuerdan el proceso seguido por otras revoluciones que han terminado en la petrificación totalitaria…” (tomado de “Tiempo Nublado”)

¡Hijos de la chingada!

Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos llevan a exaltar nuestra condición de mexicanos: ¡Viva México, hijos de la Chingada! Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario, y una explosión en el aire. Nuevamente, con cierta patética y plástica fatalidad, se presenta la imagen del cohete que sube al cielo, se dispersa en chispas y cae oscuramente. O la del aullido en que terminan nuestras canciones, y que posee la misma ambigua resonancia: alegría rencorosa, desgarrada afirmación que se abre el pecho y se consume a sí misma.

¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una Madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la “sufrida madre mexicana” que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre.

La palabra chingar, con todas estas múltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles. Los fuertes —los chingones sin escrúpulos, duros e inexorables— se rodean de fidelidades ardientes e interesadas. El servilismo ante los poderosos —especialmente entre la casta de los “políticos”, esto es, de los profesionales de los negocios públicos— es una de las deplorables consecuencias de esta situación. Otra, no menos degradante, es la adhesión a las personas y no a los principios. Con frecuencia nuestros políticos confunden los negocios públicos con los privados. No importa. Su riqueza o su influencia en la administración les permite sostener una mesnada que el pueblo llama, muy atinadamente, de “lambiscones” (de lamer). (Tomado de El Laberinto de la Soledad)

Sobre el amor

…Como todas las grandes creaciones del hombre, el amor es doble: es la suprema ventura y la desdicha suprema….El amor no nos preserva de los riesgos y desgracias de la existencia. Ningún amor, sin excluir a los más apacibles y felices, escapa a los desastres y desventuras del tiempo. El amor, cualquier amor, está hecho de tiempo y ningún amante puede evitar la gran calamidad: la persona amada está sujeta a las afrentas de la edad, la enfermedad y la muerte…No menos triste que ver envejecer y morir a la persona que amamos, es descubrir que nos engaña o que ha dejado de querernos. Sometido al tiempo, al cambio y a la muerte, el amor es víctima también de la costumbre y del cansancio. La convivencia, diaria, si los enamorados carecen de imaginación, puede acabar con el amor más intenso… (Tomado de “La llama doble”).

 

Sobre el mal y la historia

…La historia chorrea sangre desde Caín: ¿somos el mal? ¿O el mal está fuera de y nosotros somos su instrumento, su herramienta? Ni las estrellas ni los átomos, ni las plantas ni los animales, conocen el mal…El mal es humano, exclusivamente humano. Pero no todo es maldad en el hombre. El nido del mal está en su conciencia…En ella está también el remedio, la respuesta contra el mal. Ésta es la única lección que yo puedo deducir de este largo y sinuoso itinerario: luchar contra el mal es luchar contra nosotros mismos. Y ese es el sentido de la historia. (Tomado de “Itinerario”)

Sobre las revoluciones

¿Y los fracasos, las vidas sacrificadas, las oportunidades perdidas, los errores y los horrores, los tiranos grotescos? A veces los errores son fecundos y los extravíos son avisos, escarmientos. Ojalá que esas naciones aprendan de sus descalabros. Acorraladas entre tradición y modernidad, entre un pasado vivo pero inerte y un futuro reacio a convertirse en presente, tienen que escapar del doble peligro que las amenaza: uno es la petrificación, otro es la pérdida de su identidad. Tienen que ser lo que son y ser otra cosa: cambiar y perdurar….A esos pueblos, víctimas de de jefes delirantes, les ha faltado imaginación política. Pero la imaginación, la verdadera, nace después de la crítica: no es una fuga de la realidad sino un enfrentarse a ella. El ejercicio de la crítica requiere inteligencia, y, asimismo, carácter, rigor moral. La crítica que propongo es ante todo una autocrítica. Su misión consiste en extirpar en su raíz a la mentira, que es el mal que mina a las élites de esos países…(“Tomado de Itinerario”).

La virgen y los hijos de la chingada

No es un secreto para nadie que el catolicismo mexicano se concentra en el culto a la Virgen de Guadalupe. En primer término: se trata de una Virgen india; enseguida: el lugar de su aparición (ante el indio Juan Diego) es una colina que fue antes santuario dedicado a Tonantzin, “nuestra ma-dre”, diosa de la fertilidad entre los aztecas. Como es sabido, la Conquista coincide con el apogeo del culto a dos divinidades masculinas: Quetzalcóatl, el dios del autosacrificio (crea el mundo, según el mito, arrojándose a la hoguera, en Teotihuacán) y Huitzilopochtli, el joven dios guerrero que sacrifica. La derrota de estos dioses —pues eso fue la Conquista para el mundo indio: el fin de un ciclo cósmico y la instauración de un nuevo reinado divino— produjo entre los fieles una suerte de regreso hacia las antiguas divinidades femeninas. Este fenómeno de vuelta a la entraña materna, bien conocido de los psicólogos, es sin duda una de las causas determinantes de la rápida popularidad del culto a la Virgen. Ahora bien, las deidades indias eran diosas de fecundidad, ligadas a los ritmos cósmicos, los procesos de vegetación y los ritos agrarios. La Virgen católica es también una Madre (Guadalupe-Tonantzin la llaman aún algunos peregrinos indios) pero su atributo principal no es velar por la fertilidad de la tierra sino ser el refugio de los desamparados. La situación ha cambiado: no se trata ya de asegurar las cosechas sino de encontrar un regazo. La Virgen es el consuelo de los pobres, el escudo de los débiles, el amparo de los oprimidos. En suma, es la Madre de los huérfanos. Todos los hombres nacimos desheredados y nuestra condición verdadera es la orfandad, pero esto es particularmente cierto para los indios y los pobres de México. El culto a la Virgen no sólo refleja la condición general de los hombres sino una situación histórica concreta, tanto en lo espiritual como en lo material. Y hay más: Madre universal, la Virgen es también la intermediaria, la mensajera entre el hombre desheredado y el poder desconocido, sin rostro: el Extraño. (Tomado de El Laberinto de la Soledad)

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