Fritanga y conchas negras: Dos crónicas gastronómicas

fritanga

La friganga

Anoche se me antojó comer fritanga. No resistí la tentación y fui a una situada a pocas cuadras de mi casa. Mala suerte. Sólo quedaban unas cascaritas de tajadas, unas alitas de pollo y poco más. La señora me dijo que todo se había acabado rápido, que estaban haciendo otra tanda, pero tenía que esperar. Ya eran casi las ocho y media, me dejé aconsejar por el hambre y resolví buscar otro lugar. Como lobo al acecho anduve merodeando por los alrededores y no encontré nada. Entonces me acordé que allá por el barrio Cristo del Rosario, en los confines de los escombros, había visto una fritanga concurrida. Francamente no recuerdo qué andaba haciendo por la noche, por esos rumbos, la vez que la descubrí, así que no me pregunten.

Me trasladé al sitio y grande fue mi sorpresa al ver la cantidad de carros, con mesas llenas, parqueadores y una gran fila de gente esperando “que la despacharan”. A quienes no circulen por esos sitios les informo que se llama “Carne asada El Darío”, queda entre “el arbolito” y Cristo del Rosario. Me pareció que era demasiado larga la fila y decidí seguir buscando, hasta que encontré otra, unas cuadras más allá. Y otra fila. Estaba vez no había tantos vehículos pero la fila era grande. Me resigné y me enfilé a esperar pacientemente. En esas estaba cuando un bus casi se nos echa encima, se parqueó frente a la fritanga (por supuesto, la fila estaba en mera calle). El chofer bajó todo sofocado y de inmediato quiso colocarse adelante y no lo dejaron. Habían unos majones en la fila, con su moto al lado, cuyo porte y aspecto no dejaba lugar a discusiones. El chofer optó por la prudencia y se fue a ocupar su puesto al final de la fila. No sé si por desquite dejó el bus parqueado a media calle, motor encendido y parlantes a todo volumen. Así, la fila estuvo amenizada con “Calle Ocho”, todo el tiempo. Música alegre, de domingo por la noche, para qué decir que no, si, sí. Hasta que llegó mi turno. Otra vez mala suerte, un chingastito de tajadas, un gallo pinto donde los frijolitos eran de adorno y una piernita de pollo que daba tristeza, con mi respectivo maduro frito, medio duro. El fresco sí, el fresco estaba bueno. 175 córdobas el servicio. Cuando salí llevaba la barriga llena, pero el corazón descontento. Abandoné el lugar y la fila seguía sin menguar, igual que como cuando llegué. Ya eran pasaditas las nueve y media de la noche.

Lecciones aprendidas: No hay mejor fritanga que la de doña Tania, en Altamira. No hay pues necesidad de experimentar. Segunda: Las fritangas son buen negocio, al menos las noches de domingo, en Managua.

Conchas negras

Este domingo acompañé en una visita a El Viejo, a Henry Ruiz y a otros compañeros. Una reunión política, por supuesto. Participaron viejanos de distintas orientaciones y después de un animado debate se organizó una directiva local. Muy bueno el esfuerzo.

 Pero lo que quiero contar -especialmente a los corinteños que no viven en el puerto- es que cuando iba saliendo de Chinandega sentí que me faltaba la respiración, algo no funcionaba bien. De repente me iluminó un chispazo sobre la causa del malestar y cambié de rumbo. Enderecé hacia Corinto. Antes de llegar a Pasocaballos la bocanada de aire salobre, mezcladito con ñanga, ensanchó mis pulmones y pude respirar a plenitud. ¡Eso era! Evidentemente, mis pulmones sintieron la cercanía del aire salobre y exigieron respirarlo. Del resto se encargaron las conchas negras, con lodito de manglar y el lodito de las manos de la doña que con diligencia abrió las conchas, cortó las cebollas y los tomates, les echó su racioncita de chile, exprimió un limón y volcó todo en una panita de plástico, junto con la mitad de un tortillita que estaba en la tercera edad, pues al contacto con los dientes mostró que tenía varias horas de existencia. El complemento fue el pescado frito, propiamente a la orilla del mar, respirando lo que todos los corinteños ansiamos respirar, oyendo ese rumor de olas que todos extrañamos escuchar y viendo ese azul de nuestro mar y cielo que todos añoramos ver. Envídienme pues, por esas horas que pude estar en Corinto.

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Un comentario en “Fritanga y conchas negras: Dos crónicas gastronómicas

  1. Igualmente voto por la fritanga de Doña Tana, sabroso, variado, muu tipico, refresos que dan gusto. En cuanto a la conchas negras ¿no seria en Paso Caballos?, para mi ese olor y sabor me viene desd mi adolescencia cuando llegabamos donde el Chele Tigüilote. Que buen gusto y tino amigo.

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