La estupidez humana (Al que le caiga el guante que se lo plante)

Einstein estupidez humanaCarlo M. Cipolla (1922-2000), connotado historiador italiano, catedrático de la universidad de Berkeley, escribió, junto a sus obras de historia económica, un librito de título inesperado “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”. Me pareció útil compartir con ustedes algunas de estas lecciones. Para mayor autenticidad no incluyo comentarios propios. Transcribo y sintetizo las expresiones del autor. Si resuelven leerlas, tengan la seguridad de que no será tiempo perdido:                       

  •  Primera Ley Fundamental: Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. Por muy elevado que sea el cálculo que uno haga, siempre quedan estúpidos pendientes de contar. Una de las razones es que personas a las cuales uno ha considerado sensatas después resulta que son inequívocamente estúpidas.
  •  Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

 La estupidez se encuentra distribuida de manera uniforme, y es independiente de la etnia, sexo, educación, profesión, riqueza, nacionalidad, color, tamaño o cualquier otra característica. (Lo mismo puede ser estúpido un gordo que una flaca, o un negro que una rica, una porrista que un científico). Las personas no son iguales. Unas son estúpidas y otras no lo son. El estúpido nace por designio irreprochable e inescrutable de la divina providencia.

  •  Tercera Ley Fundamental: Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

 Para el autor, la humanidad se divide en cuatro categorías de individuos: los malvados, incautos, los inteligentes y los estúpidos. Los malvados procuran obtener beneficios a costa del perjuicio de otra persona o grupo de personas. Los incautos procuran beneficiar a otras personas aunque sus acciones les ocasionen perjuicios. Los inteligentes buscan beneficios para ellos, beneficiando al mismo tiempo a otras personas. Los estúpidos ya están definidos en la tercera ley.

 Todos recordamos ocasiones en que un individuo consiguió una ganancia, causándonos un perjuicio. Estábamos ante un malvado. También podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros. Estuvimos en contacto con un incauto. Igualmente podemos traer a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente.

  Pero también nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, salud, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las acciones de alguna absurda criatura a la que en los momentos más impensables se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que esa persona gane absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación –o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

  •  Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el poder nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, en cualquier circunstancia, tratar y o asociarse con individuos estúpidos se manifestará infaliblemente como un error catastrófico.

 En qué consiste el poder de la estupidez? Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas. Frente a la estupidez todo es inútil. “Una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables e impensables. No existe modo alguno racional de prever, si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque”. Frente a un individuo estúpido una persona sensata está completamente desarmada.

  •  Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado.                                                            

 Una conclusión.- Aclaro que este párrafo tampoco lo he redactado yo. Es del autor: En un país en crisis el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual que en cualquier otra época, sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos, refuerza, inevitablemente el poder destructivo de la fracción de los estúpidos, y conduce el país a la ruina.

  Un apéndice.- Para el autor, la estupidez es “ Una de las más oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana”. Es preciso neutralizarla y por ello al final del libro el autor incluye varios formatos para ayudar a los lectores a clasificar a las personas o grupos con los que normalmente se relaciona a fin de establecidas las debidas clasificaciones (incautas, malvadas, inteligentes y estúpidas) y en consecuencia adoptar una línea de acción racional hacia el futuro.

Ahora que comenzamos el año y se fijan planes y metas, es un buen momento para hacer este ejercicio.

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11 comentarios en “La estupidez humana (Al que le caiga el guante que se lo plante)

  1. Me parece, contrario a los otros artículos que he leído del Dr. Sáenz, un escrito muy soso. O a lo mejor es brillante y por mis características personales no logro entenderlo. En todo caso, lo único que me ha llamado la atención es la “chumucarización” (de la escritura) del diputado Sáenz: No usa el primer signo de interrogación (¿Por qué será?)

    • Gracias por su comentario, don Manuel. Respeto su opinión sobre lo soso del artículo, me alienta sin embargo la cantidad de personas que lo leyeron y les ha gustado. Asumo mi cuota de responsabilidad por lo que pueda tener de soso, aunque el principal responsable es el exprofesor de Berkeley y connotado historiador italiano Carlo M. Cipolla, porque me limité a transcribir o sintetizar el librito que él escribió. En cuanto al uso de los signos, agradezco su muy sustantivo y muy poco soso comentario. Le diré que siempre procuro utilizar ambos signos, seguramente por descuido o rapidez no me percato, pero no es una práctica deliberada. saludos, don Manuel.

      • Dicen que el que pega de primero, pega dos veces. En lo personal, creo que es el que pega de último. Así que le cedo el privilegio.

  2. Nunca discutas con un estupido, pues te puede llevar a su campo y ahi, seguro que te gana….Ser estupido podria considerarse hasta como un derecho, te invito a que legislemos sobre ese derecho ty quyizas hasta podrias hacer un proyecto de ley, pero que quede claro, que hay estupidos que no nos abochornan solo por el hecho de ser estupidos, sino porque son tan estupidos que abusan del provolegio de ser estupidos……Parodiando a don Erasmo yo diria ”Elogio a la estupodez”

  3. Mi profesor de leyes, decía con mucha frecuencia en su clase: LA IGNORANCIA ES ATREVIDA. Dr. Sáenz, su transcripción del artículo me encantó, pues me ayuda a distinguir con mayor precisión a los malvados, incautos, inteligentes y estúpidos. En nuestro medio utilizamos la distinción de BORREGOS, que pienso es una combinación de incautos y estúpidos.

  4. Me parece muy atinado todo lo que dice el artículo. Nos pone en alerta contra esa especie que se convierte en un anticuerpo tipo cáncer o sida social. Dijo Facundo Cabral que ” son tantos que hasta eligen al presidente”. Se convierten como la pereza en una amenaza muy grave porque igual que este pecado capital, no hacen nada bueno.

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