La Prensa
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Con ocasión de la anunciada visita del presidente Obama a Centroamérica, específicamente a Costa rica, se anunció que Ortega participará en la cita, junto a los otros presidentes del área. Además de las relaciones con Estados Unidos, inevitablemente se colocará también en agenda pública el espinoso tema de las relaciones de Nicaragua con Costa Rica. Me permitiré presentar algunos temas y datos sobre estas relaciones:

 Primero está la gente. De acuerdo al censo realizado en aquel país, en 2011 residían en Costa Rica alrededor de 300 mil nicaragüenses. 287 mil, para ser precisos. A esa suma hay que agregar los que evadieron el censo, que seguramente  habrán sido miles, y los trabajadores estacionales, que salen y entran, y que también son miles. Por lo bajo, estamos hablando de más de 500 mil personas. No es un río, es un mar de gente que tiene hijos allá y vínculos aquí. Familia allá y familia aquí.

Sin duda es un tema de dimensiones  estratégicas para ambos países. No solamente están los derechos humanos y los derechos laborales. Hay aspectos culturales, de identidad y sociales profundos. Profundos e irreversibles. La marca nica en la sociedad tica es indeleble, y seguirá ahondándose; y en Nicaragua la herida de la migración es para siempre.

Después está el tema de las remesas. En el 2012 los migrantes nicaragüenses enviaron por canales formales  182 millones de dólares, de acuerdo a cifras del Banco Central. Sume usted los que vienen en encomiendas, por caminos, de mano en mano, y tendrá al menos 300 millones de dólares. Esa tasa creció casi el 40% en relación al 2011. Un incremento extraordinario. O sea, que vamos para más. Es evidente que una parte de la economía tica descansa en el humilde pero imprescindible trabajo de los nicas. Y Una parte de la economía nica descansa en esos dolaritos que llegan por veredas y por pulsaciones electrónicas.

 En materia comercial, en el 2012 se exportaron hacia Costa Rica 115 millones de dólares, principalmente carne, mani, frijoles y productos de origen industrial. Y compramos 462 millones de dólares. Principalmente bienes de consumo y materias primas industriales. Es un comercio de 600 millones de dólares. Detrás de esas cifras hay empleos y la actividad económica de centenares de pequeñas, medianas, grandes y microempresas. Y hay espacio para más.

El turismo es un cuarto tema. 136 mil turistas ticos ingresaron en 2011. En el 2012 seguramente fueron más, pero todavía no hay datos. Es una cifra importante que implica ingresos y actividad económica. Esa es una dimensión. La otra es la posibilidad de desarrollar emprendimientos conjuntos aprovechando complementariedades existentes. Un vasto campo para iniciativas empresariales.

Pero hay otros asuntos: Costa Rica exporta hacia los países centroamericanos 1500 millones de dólares anuales. Casi la totalidad de ese comercio transita por carreteras nicaragüenses, porque se realiza vía terrestre. A la par, una parte de las exportaciones de Nicaragua y de sus importaciones se realiza vía Puerto Limón. Las inversiones económicas en distintos campos (comercial, financiero, industrial) a un lado y otro, y aspectos medioambientales de significación. El medio ambiente y los cuencas no tienen fronteras.

 También está el narcotráfico, el crimen transnacional y la seguridad ciudadana.

Finalmente, el puente que están construyendo los japoneses sobre el Río San Juan, unido a la carretera Acoyapa-San Carlos, abrirá un polo de desarrollo que es una promesa de horizontes insospechados.

Por supuesto está el Río San Juan, perenne tema de conflictos, como causa o como coartada, de lado y lado. Obviamente, la historia ha enseñado que no podemos descuidar un minuto, ni un centímetro, nuestra soberanía territorial. También podemos elaborar sobre cuestiones románticas, como nuestro pasado común, nuestra guerra nacional, nuestros héroes compartidos, y de la vieja patria centroamericana. Pero mejor hablemos de realidades y de intereses.

 Con visión e inteligencia puede desarrollarse una agenda, amplia, diversa, estratégica, de beneficio mutuo. Si los políticos y gobiernos no la ven, o no quieren, los sectores más lúcidos de ambas sociedades pueden asumir el reto. Los académicos, universidades, intelectuales, empresarios, medios de comunicación y socieda d civil, (¿y la juventud?) deberían dar un paso adelante. Aunque el terreno sea disparejo.