Los gobiernos integrantes del Consejo Político de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (Alba), que cambió su nombre por la extraña sigla de Alba-TCP, resolvió el pasado 21 de junio, en Río de Janeiro, “la inmediata expulsión” de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y sus representantes “por considerar que su presencia y actuación constituyen un factor de perturbación que atenta contra la soberanía y la estabilidad política de nuestras naciones”. La resolución fue suscrita por los delegados de la cancillería orteguista.

Desde entonces han transcurrido cuatro meses y no se sabe qué pasó. Las hipótesis sobre lo ocurrido son las siguientes: •

  • El imperialismo gringo, temblando de miedo ante la amenaza del chavismo y sus congéneres, optó por dejar de ser un factor que perturba y atenta en contra de la soberanía y estabilidad de los gobiernos albinos e instruyó a las representaciones de AID que recogieran sus bártulos y regresaran al hogar imperial.
  • • El orteguismo, con su acostumbrado secretismo, cumplió estrictamente la resolución del Alba. Expulsó a los imperialistas yanquis, pero lo mantiene en riguroso secreto. •
  • Se trataba simplemente de un “tapazo” del orteguismo para congraciarse con el gran jefe del Alba, mientras sigue amarrado y cumple fervorosamente las prioridades de la política exterior norteamericana (libre comercio; lucha contra migrantes, terrorismo y narcotráfico).

¿Cómo desentrañar semejante misterio?

  • Una clave posible es no guiarse por las tapas sino por las lapas (las lapas verdes, como conocemos los nicaragüenses a los dólares contantes y sonantes). Ensayemos ese camino y preguntémonos cuánto dinero recibe el gobierno orteguista con el aval del gobierno norteamericano. Para no hacer largo el asunto limitémonos a las instituciones donde los estadounidenses tienen mayor influencia: Banco Interamericano de Desarrollo (BID); Banco Mundial (BM) y Fondo Monetario Internacional (FMI). Comencemos con el año 2009, que es el año posterior al fraude en las elecciones municipales:
  • •El BID concedió en estos años créditos concesionales por 495.1 millones de dólares (US$$152.7 en 2009; US$$147.8 en 2010; US$$154.7 en 2011; y US$$39.9 en el primer semestre del 2012).•
  • El Banco Mundial, en el mismo período, otorgó créditos por 151 millones de dólares (US$$66.8 en 2009; US$$36.7 en 2010; US$$30.5 en 2011 y US$$17 en el primer semestre del 2012).
  • El FMI ha concedido fondos por US$$62.1 millones a razón de US$$22.8 en 2009; US$$18.3 en 2010 y US$$21 en 2011.
  • Las donaciones provenientes del gobierno norteamericano, a nivel bilateral, registraron US$$62.1 millones en el mismo período.

En total, US$$721.5 millones en créditos concesionales otorgaron las IFIS que, sumados a los fondos bilaterales norteamericanos, llegan a US$$783.6 millones. Si agregamos algunos montos en pequeños proyectos llegamos a 800 millones de dólares. Nada mal, si tomamos en cuenta los fondos provenientes del petróleo venezolano.

Indudablemente, una expulsión de AID traería como consecuencia inevitable el cierre de las fuentes multilaterales financieras y, con ello, el régimen perdería el principal soporte que le ha posibilitado holgura macroeconómica y, como consecuencia, disponer a su antojo de los recursos de la cooperación petrolera venezolana.

Ante el dilema, mi hipótesis es que Ortega ha acudido una vez más al instrumento que hasta ahora le ha rendido notables dividendos: el doble juego.

Así, convertido en maestro del doble discurso, Ortega grita denuestos en contra del imperio para alimento y solaz de su rebaño interno y de sus congéneres externos, mientras cumple fielmente sus arreglos de fondo. Los gringos le oyen, se hacen los suecos, y le comprenden.

En cualquier caso, a cada lector corresponde encontrar su propia respuesta: para entender al orteguismo ¿debemos atender a las tapas o apelar al lenguaje de las lapas? El autor es diputado del MRS