Desde Centroamérica, hasta hace poco Colombia se miraba lejos y con un estereotipo marcado por la guerra con las FARC y el narcotráfico. En el caso de Nicaragua al estereotipo se agregan los conflictos limítrofes.

Sin bombos ni platillos en años recientes empresas colombianas han desarrollado una agresiva estrategia de penetración económica en Centroamérica que vale la pena notar y anotar, porque acercan los intereses colombianos a los grupos económicos y a las economías de la región. Tal vez el caso más notorio es TACA, empresa centroamericana emblemática, que detentaba el monopolio del transporte aéreo en la región. Ahora será AVIANCA, transformada en la tercera línea aérea en tamaño en América Latina, la empresa que se beneficiará de ese monopolio una vez que se concretó la fusión con TACA.

Los otros dos casos resaltantes son en el sector financiero: el grupo Bancolombia adquirió el Banco Agrícola, de El Salvador, el segundo banco más grande Centroamérica. Y el grupo Aval absorbió al BAC-Credomatic, que exhibe reconocida presencia regional. Además, otro grupo colombiano adquirió las operaciones del HSBC en Costa Rica, Honduras y El Salvador.

Empresas colombianas controlan también el mercado de pinturas en Costa Rica (compraron Kativo cuyas marcas conocidas son Protecto y Glidden) y adquirieron empresas eléctricas en Guatemala y El Salvador, también han adquirido participación en seguros, comercio y hoteles.

Panamá es el destino privilegiado de las inversiones colombianas, con el 57% del total de sus inversiones en Centroamérica. Una idea de los montos nos proporciona el caso de Costa Rica, donde algunas publicaciones estiman en 3.400 millones de dólares las inversiones en los últimos años, las cuales se han extendido a la agricultura (café, piña) y las manufacturas (Nestlé, Pozuelo). En El Salvador se calculan en más de US$1000 millones y en Guatemala sólo la adquisición de la empresa eléctrica superó los 600 millones de dólares.

Instituciones colombianas colocan la tasa de crecimiento promedio anual de los flujos de inversión directa  en la relevante cifra del 29%. Y proyectan que seguirá creciendo habida cuenta la estrategia de expansión de las empresas colombianas, el tamaño de la economía centroamericana, la cercanía geográfica, los acuerdos de libre comercio y las afinidades culturales. Sin duda, hay un amplio espacio para intensificar los vínculos económicos pues, en un carril paralelo también están creciendo las relaciones comerciales.

Por otra parte, Colombia, por el tamaño de su Producto Interno Bruto se ha convertido en la cuarta economía de América Latina, sólo detrás de Brasil, México y Argentina. Algunas  autoridades colombianas han anunciado que se proponen superar a este último país en los años próximos.

Considerando las características de las relaciones de Nicaragua con Colombia, es útil tener como referencia estas realidades pues, sin prejuzgar en ningún sentido, ya sabemos que los intereses políticos usualmente van detrás de los intereses económicos.