Nicaragua necesita un puerto de aguas profundas en el litoral de El Caribe. Los productos que compramos en el exterior se encarecen y nuestras exportaciones pierden competitividad cuando nos vemos obligados a utilizar puertos hondureños o costarricenses (Puerto Cortés y Puerto Limón, principalmente) para comerciar con la costa Este de Estados Unidos, con Europa y con Venezuela, que constituyen nuestros principales mercados.

La opción era Monkey Point, pero los inversionistas brasileños cantaron cero después que un estudio de factibilidad evidenció que, en este momento, no era un proyecto rentable. Nos quedamos entonces sólo con Corinto. Un giro estratégico de nuestro comercio exterior hacia la cuenca del pacífico, donde se sitúan las economías más dinámicas del mundo, abriría nuevos potenciales al puerto.

Sin embargo existe el riesgo real de que nos quedemos “sin Beatriz y sin retrato”. Desde hace años la isla en que se asienta el puerto ha sido sometida a un implacable embate del mar que ha cercenado ya buena parte de las costas y amenaza con partirla en dos. Desde los años setenta, prácticamente en cada década se ha ejecutado un proyecto de protección o de recuperación de tierras, pero ha sido en vano.

Hoy pueden verse los estragos que han acabado con los alcances del último proyecto de protección. El denominado “espigón” que resguardaba la bahía no ha resistido y está casi aniquilado. Los muros de contención sucumbieron y el mar ha socavado más de cincuenta metros de costa, adicionales a los que ya “se había comido”. En las fotos adjuntas pueden constatarse los socavones.

Este es un tema de interés nacional. Sin exageración, estamos perdiendo el único puerto del país. El gobierno debe ponerse las pilas y proceder a diseñar y ejecutar con diligencia y urgencia un proyecto a fondo, con participación de empresas internacionales especializadas, que asegure la protección efectiva para el largo plazo. De lo contrario  sólo quedaremos con los lamentos pues ni siquiera alcanzará para los delirios faraónicos del régimen.

Salvemos Corinto!