Ahora que los delirios de la pareja presidencial han tomado la forma de proyectos faraónicos, conviene a los simples mortales concentrar su atención en las pequeñas cosas de que está hecha la realidad y la vida cotidiana de los nicaragüenses.

 Comencemos con El Realejo http://es.wikipedia.org/wiki/El_Realejo_%28Nicaragua%29 . Puerto principal durante el período colonial de lo que hoy es Centroamérica. Astillero, centro de avituallamiento de naves, lugar de tránsito hacia Perú, punto de embarque y desembarque de mercancías. Durante siglos, el también denominado puerto de La Posesión, fue enlace de la entonces provincia de Nicaragua con el exterior y una de sus villas de referencia. Desde ahí también fueron embarcados miles y miles de indígenas hacia Panamá y el Perú, en calidad de esclavos, en un desangramiento recientemente documentado por Mario Urtecho en su obra “Los nicaraguas en la conquista del Perú”.  http://www.escritoresnicaragua.com/2009/01/15/mario-urtecho/

 Casi nada queda de aquellos tiempos. Unas ruinas de construcciones religiosas. Y su poco conocida historia. Al visitar el sitio uno se encuentra con unas pequeñas instalaciones turísticas en total estado de abandono. Para llegar a lo que fuera el puerto hay que seguir una senda donde la maleza crece al sol y al viento. Un viejo barco camaronero encallado, el San Vicente, abona a la sensación de pasado. En el punto confluyen dos canales, navegables por pequeñas lanchas, que se extienden como dos largos brazos hasta desembocar en la bahía de Corinto, uno, y en el estero de Paso Caballos, el otro.

 Ahí están todos los ingredientes para un proyecto turístico que juntando historia con geografía devuelva vitalidad al poblado. No es necesario cerrar los ojos para imaginar un museo, donde unos jóvenes guías cuenten la historia del puerto, acompañando un paseo por las ruinas religiosas y la iglesia con sus antigüedades. Luego una visita a lo que era el puerto, donde puedan encontrarse ventas de artesanías, comidas y bebidas. El viejo barco, reacondicionado, podría contribuir a las atracciones.

Y un paseo en lancha, en la seguridad del estero, a remo, o con motor que además de la recreación, permitiría conocer los manglares y la vida silvestre en ese hábitat. Los más aventurados podrían incluso ejercitarse en la captura de conchas, punches o pesca. El resultado: empleo, actividad económica y turística, afirmación histórica y cultural.

Pero hoy, los grupos de jóvenes con quienes hablé, incluyendo madres adolescentes, lucen sin presente, pues carecen de empleo; pero también de futuro, porque tampoco estudian. La única actividad, para quienes la tienen, es sacar “conchas negras en la ñanga”, con una paga de hambre. A estos jóvenes, el satélite de Ortega no les resolverá ni el presente ni el futuro.

Mientras llegamos a las estrellas con el satélite de los Ortega, bien haríamos en poner los ies sobre la tierra y ocuparnos de las realidades más cercanas. Las que dan empleo y comida a los más pobres. Comencemos entonces por el Realejo.