Está bien que Daniel Ortega hablara de paz en el discurso que pronunció durante la celebración del día de la constitución del ejército nacional. Pero hablar de paz y al mismo tiempo defender al régimen Sirio nos indica que Ortega no hablaba de la paz que resulta del respeto a la voluntad popular expresada en elecciones limpias y democráticas, ni de la paz que resulta del respeto a la ley y a los derechos ciudadanos. Al defender al régimen Sirio, Ortega hablaba de su particular concepción de la paz: la paz del opresor que, cuando la resistencia se agudiza, se transforma en la paz de los cementerios.

Y no podía ser de otra manera. ¿Respalda Ortega a quienes luchan y mueren por la libertad? Por supuesto que no. Ortega respalda al monarca Bashar Al-Assad, que heredó el poder de su padre, Hafez al-Assad, el cual gobernó Siria por 29 años. Bashar lleva 12 años después de haber sido “electo” con el 97% de los votos. Otros Rivas hay también por aquellos rumbos. Ortega defiende pues una dinastía de 41 años, con un régimen de partido único que ahora masacra a quienes le resisten.
Hablando de esa paz Ortega se puso de buen humor y se atrevió a lanzar una broma: declaró que en el mundo hay una crisis de valores y una crisis ética. Ortega hablando de valores y de ética. Solamente puede ser en broma. Sin duda, una broma bastante pesada.