Si algo esperanzador pudimos ver hoy en las principales intersecciones de las calles de Managua, fue una juventud empapada de entusiasmo, compromiso y genuina solidaridad. La sonrisa a flor de labios y la mano generosa extendida. Pedir para dar. Para dar más. Un córdoba pedían y devolvían una mirada luminosa, y esperanzas. Sobre todo, esperanzas.

Mostraron organización. Estaban en los puntos clave, en el número apropiado, con las identificaciones apropiadas, con el mensaje apropiado.  Ninguna sombra siniestra, emboscada. Ninguna manipulación, a la par.

Mostraron seriedad, detrás de sus rostros sonrientes. Mostraron compromiso, detrás de su alegría natural. Mostraron también independencia para actuar por sí mismos.

Era la juventud de Techo Nicaragua que, movida por un sentimiento que ahora edifica casas para los pobres, mañana, de prender la pradera, tiene el potencial  y la potencia para edificar un nuevo país.

La lluvia no importó pues el gesto generoso y la energía siguieron imperturbables. La lluvia dejó  a esta juventud comprometida, más mujeres que hombres, por cierto, con sus ropas y cabellos empapados. Y a nosotros también nos dejó empapados. El corazón empapado de esperanzas.