Managua, 20 de agosto del 2012

Comandante Fidel Castro Ruz

La Habana, Cuba

Comandante Castro:

En días recientes usted recibió una carta, en ocasión de su cumpleaños, suscrita por Daniel Ortega, quien ejerce la presidencia de Nicaragua en violación flagrante a la Constitución Política de mi país y como resultado de un fraude electoral. Considero una elemental obligación ciudadana volver por el decoro de los nicaragüenses, ya que el contenido y forma de esa comunicación laceran la dignidad de nuestro pueblo.

Usted debe saber que las opiniones y sentimientos expresados por Ortega, tal vez sean los de él y de quien le escribió la carta, pero no son compartidos por la inmensa mayoría de mis compatriotas. Nosotros, con el tiempo, de la misma manera que hemos aprendido a diferenciar entre el imperialismo gringo y el pueblo norteamericano, también diferenciamos entre el noble y generoso pueblo cubano y el régimen que lo oprime.

El servilismo delirante que rezuma la carta que usted recibió se encuentra muy lejos de representar la dignidad de los nicaragüenses. A pesar de su pobreza y humildad, nuestro pueblo no es un pueblo servil. Ese servilismo delirante es también una ofensa a la memoria y al legado de Sandino, quien fue a la lucha por dignidad. Resistió heroicamente la intervención militar norteamericana, por dignidad. Y fue a la inmolación, por dignidad. Todo lo contrario, los términos de la comunicación referida superan con creces el servilismo que Anastasio Somoza García prodigaba, en su tiempo, a sus amos gringos.

Cuando niño, por alguna razón a mi madre se le ocurrió vestirme de Fidel Castro en una fiestecita de disfraces. Me hicieron un traje verde olivo, me pusieron una gorra del mismo color y una barba elaborada con la ayuda de una peluquera. Recuerdo el malestar que en mi rostro de niño provocaba la barba postiza. Semanas después, me tocó actuar en el papel de lobo feroz en una velada infantil dramatizando el cuento de la caperucita roja. Y otra vez la misma barba y otra vez la misma picazón. Así que su figura ha estado en mi infancia, después en mis años juveniles con abrir de ojos y de anhelos, y ahora en la madurez.

La historia ha mostrado que no sabe de determinismos. Pero también porta designios, misterios y paradojas. Por ejemplo, cuándo iba a pensar  su amigo García Márquez, a pesar de su desbordante imaginación, que cuando escribía El Otoño del Patriarca retrataba a la vez, a la distancia, el ocaso de uno de sus ídolos más preciados y apreciados?  De la misma manera, cuántos pudieron imaginar que el orteguismo se transformara en lo que ahora es, una re-encarnación del somocismo, con todas sus lacras intactas. ¿Designios o paradojas de la historia?.

Reconozco que usted representó el sueño de muchos y, más allá de lo polémico de sus acciones, logró marcar huellas en la historia. Sin embargo, nada dura para siempre y en algún momento extravió la capacidad para leer el signo de los tiempos. Y la historia le pasó encima. Ahora sólo quedan ruinas y glorias marchitas. A nuevas generaciones tocará en adelante, con otros horizontes, interpretar los nuevos signos, rescatar esperanzas secuestradas y reconstruir utopías en escombros.

También reconozco que usted al menos ha mantenido hasta el final el empecinamiento con sus convicciones, pero al costo de ignorar los sufrimientos y privaciones que ese empecinamiento provoca en millones de seres. Todo lo contrario de su colega Ortega quien, al amparo de un discurso preñado de falsedades, impone la consolidación de un modelo neoliberal que le permite a él, a su familia y a sus aliados, viejos y nuevos oligarcas, un enriquecimiento descomunal mientras se asignan cada vez menos recursos para educación, para salud y para crear oportunidades a la mayoría de los nicaragüenses que siguen sumidos en la pobreza.

Como estudioso de la historia, usted sabe muy bien que para los pueblos hay capítulos que se abren y capítulos que se cierran, pero con distintos pasos todos transitan por la misma ruta de búsqueda de libertad, afirmación de dignidad y, siempre, afanes de felicidad. Es mi deseo para el generoso y noble pueblo de Cuba que se abra con prontitud el capítulo de la libertad y de sendas de felicidad.

Atentamente,

Enrique Sáenz

Diputado del Movimiento Renovador Sandinista

Asamblea Nacional de Nicaragua